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viernes, 4 de abril de 2014

Derek, el lado más humano de Ricky Gervais


Tener talento para el humor no es poca cosa, y Ricky Gervais lo tiene, y de sobra. Viéndole, por ejemplo, en la serie The Office (la original, la británica) Gervais consigue lo que poca gente puede, en un tremendo tour de force se supera a sí mismo episodio tras episodio logrando que su personaje sea cada vez más y más gilipollas según avanza la serie, y eso que ya en el primer episodio David Brent difícilmente puede resultar más imbécil. Lograr pegarte a la pantalla y querer seguir las andanzas de semejante fantasma y arrancar risas haciendo que su personaje más que resultar gracioso de auténtica vergüenza ajena, tiene mérito.


También su presencia en una película como Ghost Town resulta brillantísima, y ya decía mucho de la variedad de su repertorio. Su personaje es aquí muy diferente al de The Office, se trata de un dentista que hace de la misantropía un estilo de vida, por mucho que se redima con un final feliz que era algo innecesario. Sin llegar a intentar imitarlo se puede decir que su papel en ese film es lo más parecido que se puede encontrar estos días a los personajes que solía hacer el incomparable W.C. Fields, un tipo adorablemente mezquino e insoportable, y eso también tiene mucho mérito.


Por eso y otros de sus trabajos como Life's Too Short o An Idiot Abroad se puede considerar a Gervais como el mejor cómico actual, si acaso compartiendo trono con Larry David, por lo que pensé que con Derek, iba a continuar la fiesta. Es uno de sus más recientes trabajos y en el que ha tenido todo el control, dirigiendo y escribiendo cada episodio. Pero aunque dé la impresión de que se ha intentado colocar comercialmente como otro producto Gervais está muy lejos de todo lo que había hecho anteriormente. Ya el episodio piloto te deja descolocado y sin saber como reaccionar, que es algo que debería pasar más a menudo. A pesar de que la serie esté rodada al estilo The Office la historia tiene, en general, un tono totalmente diferente. Trata del día a día de un humilde asilo con un montón de problemas económicos y de dificultades pero en el que los internos están encantados, hay buen ambiente a pesar de la deteriorada salud de los ancianos y desde luego que no quieren irse a una residencia de mayor envergadura donde los cuidados son mucho peores y la expectativa de vida media de los internados es por lo general mucho menor. Gervais interpreta a Derek, uno de los cuidadores al que los ancianos adoran, que trabaja por un mísero sueldo y presenta síntomas de autismo. Cuando se pasa la sorpresa inicial de ver el tono y la temática en general que tiene la serie hay que decir que Gervais ha conseguido hacer un trabajo fenomenal, todo es muy humano y emotivo, resulta muy difícil permanecer indiferente. Y lo más sorprendente de todo es que también hay situaciones cómicas de Derek y sus colegas de trabajo, un par de personajes tan estrafalarios como divertidos, sin que en ningún momento se tenga el mal gusto de intentar hacer reír a costa de ancianos abandonados por sus familias o de gente con trastornos de personalidad. Todo un logro combinar en los poco más de 20 minutos de cada episodio una humanidad tan desarmante, crítica social y risas, y eso sin que el producto final sea un batiburrillo indigesto, lo que coloca a Ricky Gervais como algo más que un tipo gracioso. Mucho más.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Ray McKinnon - Cineasta de talento, singular y brillante


Mi primer encuentro, que recuerde, con el trabajo de este actor, director, escritor y productor fue de la mano de Deadwood, esa enorme serie de la HBO que lanzó a la gloria al enorme Ian McShane y a ese personaje inmortal por su dureza y su inteligencia a partes iguales, su Al Swearengen triunfó debido a su mordacidad, su vocabulario lleno de "cocksuckers" por todas partes y un instinto de supervivencia que puede con todo. De entre todos los personajes secundarios McKinnon y su reverendo Smith era uno de los que aportaba algo que ayudó a que la serie fuera tan especial. Personaje delirante, un predicador rodeado de criminales, prostitución, juego, alcohólicos y tipos de la peor calaña, un hombre excéntricamente místico y aquejado de convulsiones por un tumor cerebral que en manos de McKinnon adquiere un surrealismo y una humanidad tan incómoda como digna. Una actuación quizás algo pasada de vueltas en ciertas ocasiones, pero una de las que perdura en la memoria junto a la de McShane. De todas formas, McKinnon ya había actuado en una enorme lista de films, incluyendo O Brother!


Andaba Sons Of Anarchy por la cuarta temporada, buena serie a la que quizás le sobren muchas cosas para que pueda estar al mismo nivel que Deadwood o Los Soprano, pero en esa temporada se cuenta con McKinnon para dar de vida a un personaje que se convierte en una de las mejores cosas que le han pasado a la serie, junto a Katey Sagal y su interpretación de Gemma, madura, sexy y con mala hostia a partes iguales. La actuación de McKinnon dando vida a un fiscal que busca las cosquillas de todo Dios es más brillante aún de lo que esperaba. Su presencia, su entonación, sus pausas, su lenguaje corporal y su intensidad dota a Lincoln Potter de un interés que no tiene la mayor parte de la serie. Una actuación fantástica, de autor, que en manos de otro actor ese personaje hubiera sido otra cosa. McKinnon es único y ofrece cosas que sólo él puede. Delirante es el final de su participación en la serie, todo un homenaje a sí mismo y a sus seguidores.


Pero en realidad McKinnon es mucho más que un excelente secundario, tiene una trayectoria a sus espaldas marcada por la independencia y la convicción en todo lo que hace. En 2001 ganó una estatuilla por su corto The Accountant, una comedía surrealista, o una denuncia de la absurda sociedad actual, como se quiera, pero Ray dirige, escribe e interpreta maravillosamente en esta extraña historia al contable más divertido, absurdo y cervecero de todos los tiempos. Una historia de humor sureño norteamericano que pone el dedo en la llaga. Llegó a contactar con Drive-By Truckers para usar su música en el corto, aunque finalmente no llegó a usarla, pero dice McKinnon que la música de los Truckers cambió su vida y además de ser amigo de la banda ha llegado a emplear su música en películas como Chrystal y That Evening Sun.


Chrystal, con McKinnon como director, guionista y como actor, secundando a todo un Billy Bob Thorton en plenitud y en una de sus interpretaciones marca de la casa que encuentra como insólita horma de su zapato a un McKinnon en su onda más desfasada pero sin dejar de satisfacer a sus seguidores. Chrystal es otra obra tan personal como The Accountant, con el sur profundo estadounidense como escenario de redención entre una fauna de lo más pintoresca, una película pausada pero llena de intensidad.


Otra de sus buenas participaciones como actor secundario se puede encontrar en otra obra tan sureña como personalísima, Mud de Jeff Nichols, otro director con especial predilección para un tipo de cine con parámetros parecidos a McKinnon aunque con una onda algo menos psicodélica dentro de un ruralismo con toques kafkianos. Hay que decir que en Mud además tenemos a la redención de un actor tan denostado como Matthew McConaughey, que también tiene en la serie True Detective otra muestra de un talento que antes parecía inexistente.


Lo más reciente de McKinnon es su labor como creador de una serie tan personal y desasosegante como Rectify, con una estupenda primera temporada llena de una calma tensa que corta el ambiente como un cuchillo, un prodigio extraño por lo original y la temática, que es difícil de predecir hacia donde se dirige con otra historia de redención dentro de una sociedad escrutadora que no da respiro al protagonista.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Crematorio


Tenía un poco de reparo antes de ponerme a ver la serie, es posible que no esperara mucho después de haberme leído el libro de Rafael Chirbes, el primero de los suyos que ha caído en mis manos y que me ha parecido que iba de más a menos, con sus ratos brillantes pero otros menos, y es que tanta reflexión y diálogo interior, por muy lúcidos que sean, han terminado por resultarme monótonos por momentos. Además, el cine o la televisión española no está pasando por una época muy brillante que digamos, aquí parece que sólo se pueden hacer series de gilipolleces y humor estúpido. Pero hay que decir que Crematorio, la serie, no decepciona en absoluto. Hay elegancia, gusto, todo resulta creíble y la estructura narrativa es muy diferente al libro, hacer algo cercano al libro en ese sentido no tendría sentido. El trabajo del reparto en su mayoría es un lujo, con un gran José Sancho en cabeza, Rubén Bertomeu le fue como anillo al dedo y por supuesto que dice mucho de la categoría de Sancho que ese fuera uno de sus últimos trabajos. Su saber estar, su contención y su presencia, dando vida a un tipo que domina a los demás sin tener que mostrar vemencia, ya sólo justifica el visionado de los ocho capítulos de la serie. Hay quien dice que Crematorio es el equivalente español a The Wire o los Soprano, y no seré yo quien lleve la contraria. Especulaciones inmobiliarias, mafias rusas, sórdido tráfico de drogas, putiferios, amores imposibles, amor por el poder y el dinero, violencia, todos esos elementos que son tan bien tratados en series como las de la HBO aquí tiene su traducción española sin caer, menos mal, en lo vulgar y en el esperpento, que era lo que me temía. Con todo lo bueno y lo malo que puede resultar decir algo así: no parece la típica serie española idiotizante.

miércoles, 14 de agosto de 2013

House Of Cards - Hay vida fuera de la HBO


Estupenda serie, para mi gusto a la altura de las mejores de la HBO. El tema es la política norteamericana. Poder disfrutar de toda la bondad y el buen rollo que destilan los políticos y la gente que trabaja para ellos en una serie como El Ala Oeste de la Casa Blanca (sólo he visto la primera temporada, no se si después cambió mucho, cosa que dudo) conlleva mucha generosidad y aceptar que estás viendo ficción, bueno ciencia-ficción prácticamente. El mérito en un caso como ese lo tienen un guión excelente, una dirección hábil y el trabajo de un reparto sobresaliente. Pero yo soy más de House Of Cards. Kevin Spacey es el maligno Frank Underwood, toda su vida se centra en sus tejemanejes para conseguir poder, y si tiene que rechazar millones de dólares de un mega-empresario para conseguir ventajas de forma que sólo alguien como él podría ver, no tiene ningún problema, como dice una de las mejores frases de la primera temporada: "El dinero es la gran mansión en Sarasota que comienza a derrumbarse a los 10 años. El poder es el antiguo edificio de piedra que dura siglos. No puedo respetar a alguien que no ve la diferencia."

Veo muchos paralelismos entre Frank Underwood y Al Swearengen de Deadwood. Tienen una capacidad de visión increíble  una paciencia a prueba de bombas y saben resolver cualquier problema que se les plantee, aunque se tengan que manchar las manos de vez en cuando. Además, esos dos personajes sufren a antagonistas interpretados por el mismo actor, Gerald McRaney, alguien fuera de lo común delante de una cámara.

Pero el maligno Underwood está acompañado por su mujer, que puede ser más manipuladora y aviesa aún que su propio marido. Claire Underwood es una mujer muy compleja, brillantemente interpretada por Robin Wright, uno de esos papeles que son un regalo para cualquiera. Creo que hay que tener mucho talento para hacer lo que hace la Wright en House Of Cards, nunca sabes por donde va a salir y tiene momentos en los que te saca de quicio y otros en los que sientes hasta lástima por ella.

Es un lujo que actores como Spacey en House Of Cards, Jessica Lange en American Horror Story o Glenn Close en Damages, puedan poner su talento al servicio de unas series en la que pueden desarrollar sus personajes de esa forma. Ahora mismo la producción de cine está muy lejos de lo que puedan ofrecer las series en cuanto a calidad, talento y entusiasmo. Todavía se hace buen cine, claro que sí, pero, ¿cuántas películas actuales se pueden equiparar a Mad Men, Breaking Bad, Treme o House Of Cards?

Y aunque a mí la política me interesa bien poco si que es un acierto la orientación que se le da en la serie a todo lo relacionado con los dirigentes, empresarios, periodistas, etc. Está claro que la conciencia general está cambiando y no todo el mundo se traga lo que sale en los medios, pero no deja de sorprenderme que pueda salir una serie como House Of Cards, que ponen el dedo en la llaga. Y no es que la serie trate de la crisis, pero si que refleja lo poco que le importan a quienes gobiernan, tanto a los que salen en los medios como a los que están en la sombra, lo mal que lo puedan pasar los ciudadanos de a pie. Lo que creo que quieren decir los creadores de la serie es que estamos rodeados de auténtica chusma por todas partes. Tal vez ese no sea el mensaje más positivo que se pueda lanzar en estos tiempos, pero es que a mi me hace mucha gracia que haya gente que todavía se crea la crisis esta que nos han colado como si tal cosa, como si no fuera algo que se podría haber solucionado hace ya tiempo.