domingo, 21 de diciembre de 2014

Disco del año: Ángel Stanich - Camino Ácido


Artista que convulsiona profundamente, ya desde la primera vez que te topas con él. Su voz me causa una sensación similar a la que tuve la primera vez que escuché a Dylan, y no es para nada gratuito decir que Ángel Stanich parece una versión actualizada del de Minnesota, eso sí, intoxicada por los efluvios de Albert Pla o Bukowsky. A veces dirías que está borracho, o enfermo, pero su genialidad a lo largo de todo este Camino Ácido no deja dudas de que estamos ante un artista único, alguien de quien esperar grandes cosas en el futuro. Un loco, o un valiente, o un insensato, todavía no tengo muy claro qué es Ángel Stanich, pero me sorprendería mucho que su obra no siguiera la senda, en términos de brillantez, de este magnífico debut, un disco sin complejos y contundente, variado, pero sin perder coherencia a lo largo de 50 minutos sensacionales. En apariencia lo tiene todo, personalidad, actitud, conocimiento, y además consigue lo que muy pocos pueden, y es que apoderándose de todo cuanto le apetece crea una obra tan personal como genial y subversiva, y a las pocas escuchas el mundo personal de este cántabro se convierte en algo que te atrae, con esos lugares oscuros y malsanos, que pueden causar rechazo, pero que gracias a Ángel no puedes resistirte a visitar una y otra vez, porque la oscuridad también forma parte de nuestras vidas y su forma de convertir en canciones la violencia, el dolor y la fatalidad muestra a un intérprete implacable de las miserias humanas. En una época en donde abunda lo insustancial, lo indocumentado, lo estúpido,  es un placer dar con un músico con tantas cosas que decir, con unos dardos tan certeros y con una calidad tan indiscutible. Muy bien ayudado por gente de Arizona Baby en este Camino Ácido (que fue grabado tocando todos juntos) hay ecos permanentes de la cultura musical americana en sus formas más pesadillescas y desoladoras. Canciones como El Cruce, Metralleta Joe o Mezcalito son productos tan personales, tan sorprendentes y tan ricos musicalmente que a uno le quedan ganas de que pase el tiempo rápido para volver a encontrarte con otra entrega de este huraño personaje. Y con la inquietante versión de El Río de Miguel Ríos, incluida como punto final, sabes que el futuro de Stanich puede ser aún más imprevisible que lo que apuntan las composiciones incluidas en este su primer disco.





viernes, 5 de diciembre de 2014

AC/DC - Rock Or Bust


Después de tantos años en que esta banda prácticamente sólo eran noticia por su música nos hemos encontrado con mucho más información sobre ellos que lo era lo más habitual, y además nada demasiado agradable, exceptuando la edición de este Rock Or Bust. 

Triste lo del gran Malcolm, de alguna forma es una manera de bajarte de las nubes y darte cuenta de que tus héroes son también humanos. Si un tipo parecía prácticamente imperturbable e indestructible, ese era Malcolm hasta no hace mucho, a pesar de esa gira en los 80 en la que no pudo acompañar a la banda por sus problemas con la bebida. Su guitarra, sus riffs, sus ideas y su tozudez fueron parte fundamental para dar el pistoletazo de salida y la posterior evolución para la se convirtió en una de las bandas definitivas de rock'n'roll. El lider en la sombra, un tipo humilde, pero con carácter de sobra como para llevar a sus espaldas el peso de una banda tan dura, tan ruidosa y tan demoledora, pero también tan popular y tan legendaria. No debe ser tarea fácil hacer lo que hizo Malcolm, y cualquier otro en su lugar no hubiera aceptado ese anonimato y ese eterno segundo plano a la sombra del explosivo animal de escena que es Angus o unos frontmen como Bon o Brian.

También es triste, por otros motivos, lo de Phil Rudd. Sorprende que a sus años y después de haber sacado un buen disco en solitario y tener un estatus envidiable se vea envuelto en unos asuntos tan turbios y desagradables. Los directos de los años en los que no se contó con su presencia dieron muestra de que aunque se lo parezca a mucho ingenuo, tocar en AC/DC no debe ser tan fácil, sin él no suenan igual. Como dice Brian Johnson, la situación se arreglará por sí misma, y la justicia decidirá si en la próxima gira tendremos a Rudd con la banda.

Por todo esto puede resultar absurdo que AC/DC puedan continuar sin contar con Malcolm, y añadiendo la más que probable ausencia de Phil Rudd, pero, ¿no fue también absurdo que siguieran existiendo después del fallecimiento de Bon Scott? Además, Angus, Brian y Cliff tienen dentro mucho más que la mayor parte del resto de la industria musical, y dudo que cualquier cosa que hagan, por muchos años que tengan, vaya a ser mediocre. Yo desde luego que no podría sentir más respeto por estos tipos.

Pasando a lo positivo de la actualidad AC/DC tenemos a Stevie Young, que ya en la gira en la que tuvo que sustituir a su tío Malcolm dio muestras de que el puesto no le venía grande. El mismo Malcolm hablaba de que su sobrino era casi su alma gemela y lo cierto es que no hay mucha diferencia entre oír las dos guitarras rítmicas al mismo tiempo en Rock Or Bust o en cualquiera de sus otros discos. Habrá que esperar a la gira para ver que tal les va todo, pero no creo el sonido de la banda se resienta.

Las primeras escuchas de Rock Or Bust me supusieron una decepción, pero el disco ha ido creciendo cada vez, y ahora lo situaría a un nivel cercano a Black Ice o Stiff Upper Lip, dos discos que me gustaron mucho. Rock Or Bust quizás sea el disco más escueto en duración, y también con más canciones que van directo al grano desde el primer momento. Aquí no hay desarrollos como la primera parte de Thunderstruck o "experimentos" que desagradaron a algunos de los fans más cerriles, como la slide de Stormy May Day. Todo el material de Rock Or Bust es como una patada rockanrollera en la cara. A diferencia de otros de sus discos se puede decir que es muy difícil destacar temas por encima de otros, aunque a mí Rock The Blues Away me tiene rendido. La producción es maravillosa, el disco suena como un cañón, y aunque Rock Or Bust no vaya a marcar un antes y un después, si que supone una enorme alegría para sus seguidores, y es que tener a Angus y sus guitarrazos ya merece la pena, pero además tenemos a un Brian Johnson en muy buena forma, y una sección rítmica tan rotunda como siempre. No esperaba mucho de este disco, pero tal vez que sea una grabación que no sorprenda mucho tal vez sea lo más sorprendente de todo, y es que esta banda, incluso haciéndose jirones, mantiene la capacidad para satisfacer plenamente a sus seguidores y seguir rockeando como pocos pueden.




jueves, 30 de octubre de 2014

Jason Isbell & The 400 Unit - Live From Lincoln Center



Inminentemente me largo a tierras leonesas para trabajar, estaré un poco más ausente aún que de costumbre, pero para el que quiera aquí dejo un regalito. Un conciertazo de Jason Isbell & The 400 Unit en el Lincoln Center neoyorkino. Un poco terminado a contrarreloj, no está perfecto, pero si algún manitas quiere intentarlo el concierto se encuentra fácil en el sitio de PBS, hay que buscarlo en Live From Lincoln Center. He integrado en el concierto todas las canciones extras, no se por qué pero a partir de Outfit el sonido está un poquito desincronizado, con más tiempo lo hubiera arreglado, y tal vez lo haga más adelante, pero es fácil de solucionar con el VLC.

http://thepiratebay.se/torrent/11332511

Jason Isbell & The 400 Unit
Live From Lincoln Center
January 30 2014

Flying Over Water
Tour Of Duty
Go It Alone
Decoration Day
Stockholm
Relatively Easy
Live Oak
Different Days
Alabama Pines
Codeine
Cover Me Up
Travelling Alone
Elephant
Heart On A String
Outfit
Super 8
Can You Hear Me Knocking

Extras:
Making to the next week
Hiding Behing The Curtain
My Main Guitar

jueves, 16 de octubre de 2014

Ruthie Foster - Promise Of A Brand New Day


Vuelta al redil de Ruthie Foster al tipo de música con la que se dio a conocer, afortunadamente. Es posible que tanto reconocimiento por un disco como The Truth According To Ruthie Foster o por su maravilloso directo Live At Antone's se haya traducido en presión por parte de su discográfica para aprovechar el momento e intentar sacar partido con el sobre-producido y un tanto impersonal Let It Burn. Por eso no es raro que Ruthie haya retornado a donde sin duda se siente más confortable, en un entorno como en el que se arropa en Promise Of A Brand New Day. Let It Burn es un buen disco, y la versión del Set Fire To The Rain de Adele, aparte de sorprendente y majestuosa, supera a la original en todo. Pero Ruthie es una artista con una personalidad tan fuerte y una calidad tan inmensa en todo lo que hace que no necesita discos fuera de su onda. Aunque en este caso Meshell Ndegeocello se encargue de la producción (también aporta el bajo), Promise Of A Brand New Day hace volver a Ruthie a las sonoridades de The Truth According To y los discos anteriores.

Artista inclasificable. Gospel, blues, soul o lo que sea, todo lo que sale de su prodigiosa voz y sus emotivas canciones es material inspirador, que llega al alma y es capaz de alegrar el día más triste. Con Ruthie Foster te olvidas de tendencias o de estrategias comerciales. Esto es música de verdad, de una artista capaz de conmover y mover montañas con sus composiciones y sus interpretaciones. Se pueden adivinar fuertes convicciones a través de su música. Una de las canciones, Second Coming, habla sobre Martin Luther King y John Brown, y aunque no sea una composición de Ruthie, es del bluesman Willie King, no creo que mucha más gente pueda darle tanta credibilidad a la letra de la canción. Con instrumentación reducida y canciones sencillas, pero con identidad propia, Ruthie Foster vuelve a hacer un disco en el que es fiel a sí misma, tan natural y falta de pretensiones como en sus orígenes, con un entusiasmo desbordante y demostrando canción a canción lo que es ser músico de verdad, de los que tienen compromiso sólo con su arte y cuya personalidad impregna todo lo que hacen.






jueves, 2 de octubre de 2014

Ryan Adams (2014)


Mucho tiempo lleva este hombre de greñas despreocupadas (y orgulloso portador de camisetas de Slayer últimamente) alegrando con su música a sus seguidores, ya sea con Whiskeytown o su carrera en solitario, pero ahí le tenemos de nuevo, al pie del cañón y haciendo las cosas a su manera, por muy mal que a muchos les parezca. No se le suele nombrar junto a otros célebres estandartes de la música norteamericana de los últimos veinte años, tampoco su trayectoria es que muy respetada por ciertos sectores, que anteponen sus salidas de tono a la calidad de su obra, pero esta se basta por sí sola para cerrar muchas bocas. Psicológicamente inestable, pero con una capacidad de crear música personal como pocas veces se ve. Discos como Heartbreaker o Gold no están al alcance de cualquiera. Hasta alguien como Elton John reconoció la influencia de la sublime sencillez que impregnaban las canciones de un disco como Heartbreaker. Pero Ryan no se paró ahí, y con discos sucesivos demostró una capacidad para reinventarse constantemente. Lo que para muchos podrían ser bandazos estilísticos para mi es inconformismo, querer probarse a sí mismo, y es cierto que Ryan Adams puede hacer discos que para muchos serán esperpénticos, como ese metalero Orion o el también reciente 1984 (un disco pseudo-punk con Ryan a cargo de todos los instrumentos y con canciones de apenas un minuto), pero yo lo veo como una absoluta falta de complejos y no querer regodearse con lo ya conseguido. No estaría mal tener más artistas honestos y valientes como Ryan en estos tiempos, comprometidos con su música, sin artificios, y sin miedo a pegar un patinazo de vez en cuando, pero capaces de tener una carrera sólida, en lo que prime sea la música, no la pose o el mercantilismo.

En este disco llamado simplemente Ryan Adams nos encontramos ante música que guarda algún punto en común con algo como Cardinology o Cold Roses, aunque es un paso adelante más en la carrera de este músico. No es un disco sencillo de asimilar, especialmente viniendo después de III/IV o Ashes And Fire, unos trabajos tremendos y lustrosos en los que Ryan dejaba ver que no había perdido capacidad, y que es capaz de pasar de sobrevolar entre todos los estilos que le apetezcan sin perder su identidad. Pero con este último si que estamos ante un disco que entra poco a poco y que tiene más de lo que aparenta después de unas primeras escuchas. Rodeado de colaboradores tan interesantes como Benmont Tench, Tal Wilkenfeld o incluso Johnny Depp, las canciones de este álbum encierran una profundidad muy poco común en músicos de su generación. En mi caso creo que me ha ayudado ver a Ryan en vídeos interpretando estas canciones y hablando sobre ellas. También es un disco al que la noche le ayuda. Esa introspección con guitarras ruidosas me recuerda a alguien como Jason Isbell (Gimme Something Good tiene puntos en común con Go It Alone), al que Ryan pidió que le acompañara en una gira no hace mucho e incluso ayudó a Jason cuando logró dejar atrás su adicción al alcohol, aunque en este caso se puede decir que la influencia es recíproca. Realmente no hay canciones que destaquen ni por encima ni por debajo de las otras, lo que hace a Ryan Adams, el disco, un trabajo bastante homogéneo, también por el tono emocional, algo que Ryan domina como pocos, y estilísticamente, aunque haya canciones más desnudas que otras en instrumentación. Música profunda, que brilla en la oscuridad, que emociona más a cada escucha y te deja con ganas de más, y de preguntarte, ¿con qué vendrá Ryan la próxima vez?

En el estupendo vídeo de abajo podemos ver a Ryan Adams tocando canciones de su álbum homonimo, de 1984 y hablando de black metal, entre otras cosas. Imprescindible.

jueves, 18 de septiembre de 2014

John Mellencamp - Performs Trouble No More, Live At Town Hall July 31 2003


Una lástima que el período más glorioso de Mellencamp, el comprendido entre Uh-Huh y Human Wheels, no aportara algún álbum en directo, de hecho junto a este Live At Town Hall lo único disponible de él es la recreación en vivo de parte de su Life, Death, Love And Freedom de hace unos años. Mellencamp siempre ha sido alguien capaz de ofrecer directos portentosos, como así lo atestiguan múltiples grabaciones televisivas o de la radio, y ha tenido unos músicos extraordinarios respaldándole, pero es bastante incomprensible que de esa etapa no haya nada editado, con Mellencamp sacando discos enormes uno detrás de otro, con una banda que arrasaba y con la bestia de Kenny Aronoff a la batería.

Pero no se puede uno quejar de un directo como este, a pesar de que la diversión esté limitada, una vez más, por el lumbreras que en su día decidió limitar el contenido de un cd a 80 minutos. Es una lástima, pero con el negocio discográfico de capa caída sacar dobles cd's es muy costoso, lo que hace que en casos como este se reduzca el material y te quedes con las ganas. Más aún cuando lo que contiene tiene un nivel fenomenal en su mayor parte y suene a gloria.

Este concierto se basa en el disco que Mellencamp sacó en ese año 2003, Trouble No More, una gran colección de versiones de clásicos de la música norteamericana de todos los tiempos y estilos posibles. El comienzo del concierto, con el blues por bandera e instrumentación reducida, con Mellencamp llevando a su terreno Stones In My Passway de Robert Johnson y Death Letter de Son House demuestra como puede plasmar su personalidad en otros terrenos sin que suene forzado, aunque lo extraño sería que un músico que se mueve como pez en el agua en música tan intensa como la que contiene algo como The Lonesome Jubilee, por poner un ejemplo, no fuera capaz de salir airoso de un encuentro con el blues más clásico y profundo.

To Washington supone un cambio, al tradicionalismo más americano, aunque encaja perfectamente con el inicio, como también lo hace el Highway 61 Revisited de Dylan, con la banda sonando contundente y desatada. Todo continua muy tradicional, con canciones de tiempos muy remotos como Baltimore Oriole, Joliet Bound o Diamond Joe, de las que Mellencamp se apodera y las hace sonar como material propio. Una de las partes más intensas de Mellencamp a la voz se da con John The Revelator, impresionante. Tampoco está nada mal su recreación de  la preciosa Lafayette de Lucinda Williams, gran versión y además, recordar a Lucinda y su música siempre es algo que te alegra el día. Pero me pasa como con el disco de estudio Trouble No More, mi canción preferida es la encantadora Teardrops Will Fall, que suena vital y con nervio, perfecta para un artista como John.

También se incluyen unas pocas canciones de la cosecha propia de John Mellencamp, caso de Paper In Fire, Small Town o Pink Houses, pero en versiones más acordes al tono general de parte del disco, por lo que no me queda más remedio que echar en falta una vez más un buen disco en directo de la etapa más arrolladora de este gran artista.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Tom Petty & The Heartbreakers - Hypnotic Eye



Decir que Tom Petty & The Heartbreakers han sacado, una vez más, un disco excelente puede parecer una obviedad, pero bienvenida sea esa "monotonía", y es que cuando empiezan a sonar las primeras notas de American Dream Plan B términos como obvio, aburrido o rutinario dejan de existir momentáneamente. Cada vez que Tom Petty, Mike Campbell, Benmont Tech y los demás se reunen el rock'n'roll vuelve a tener todo el sentido del mundo. Clase, vitalidad o emoción son constantes en su música. Desde que entró en mi vida Echo, el primer disco de ellos que tuve el privilegio de elegir para añadir a los sonidos que me mantienen en marcha, nunca me ha decepcionado nada de lo que han ido entregando, todo lo contrario. Aunque me guste mucho su primera etapa al principio había mucha más irregularidad, especialmente en álbumes como Let Me Up o Hard Promises. Sin embargo, desde Wildflower todo lo que han sacado tiene un gran nivel. Se puede decir que, seguramente de todos los artistas de su generación y onda, Tom Petty & The Heartbreakers son los que actualmente llevan una carrera más coherente y brillante. Sin agobiar con una sobreexposición constante pero sin hacer que quienes les seguimos nos sintamos abandonados. A pesar de los años siguen sonando afilados, con cosas que decir, relevantes. Viendo filmaciones de sus conciertos se palpa que se gustan, se lo pasan bien haciendo lo que hacen, son capaces de hacer sonar clásicos de su carrera tan bien y tan frescos como si fueran creaciones recientes. Y en Hypnotic Eye hay una buena colección de canciones que sonarán a gloria bendita en su actual gira, para muestra el enlace de Youtube que he puesto abajo, con su reciente actuación en el programa de Jimmy Kimmel.

Las canciones de Hypnotic Eye se han grabado en un período de varios años, con tranquilidad, motivo por el cual el disco carece de temas que destaquen sobre los demás. No hay nada que sobre. El nivel compositivo de Petty sigue a un gran nivel, tanto a nivel de letras que muestran inconformismo por todas partes y musicalmente siendo capaz de aunar diferentes influencias en la mayoría de los temas sin que nada suene antinatural. Y si además cuenta con el apoyo de Campbell y demás no es de extrañar que puedan seguir sacando material tan punzante e inspirado. Rock americano, que pone el dedo en la llaga, mirando al presente, pero sin caer en el derrotismo. Un disco para degustar en el que los Heartbreakers explotan toda su capacidad e influencias para hacer un disco rotundo, lleno de canciones que aúnan ferocidad y armonía en temas como American Dream Plan B o Red River. El blues sirve como base para un tema como Power Drunk, aunque como con todo lo demás, la banda se encarga de llevarlo a su terreno. Forgotten Man va por caminos ya conocidos por los adeptos a Petty, pero es un tema que va ganando identidad a cada escucha. Sins Of My Youth es el tema más melancólico, de sonoridades más relajadas y delicadas, otro tema que crece más y más. U Get Me High suena rotundo, con guitarras incisivas, tanto en las rítmicas como las solistas, un tema que será una delicia en directo, seguro. Ecos de John Lee Hooker dan forma a Burn Out Town, una fiesta a la que no faltan armónica y piano, que hacen del tema una buena forma de encauzar el final del disco, que llega con Shadow People, otra canción con sonoridades negras y profundas pero con la identidad de los Heartbreakers y un estupendo trabajo de guitarras, con solos a gran altura de Mike Campbell. 

Esta gente ha vuelto a hacer un gran disco, en directo son una máquina de rock'n'roll, sin complejos y engrasada como pocas, con músicos que están muy lejos de ser simples comparsas de Petty, que buscan el sonido conjunto, lo que se nota en la mayoría de sus discos. Una banda legendaria por la que pasan los años, ley de vida, pero dejando buen sabor de boca en sus entregas discográficas, y en todas sus giras, algo que parece cada vez más claro que no seremos capaces de tener a mano por España, aunque soñar es gratis.


jueves, 31 de julio de 2014

John Hiatt - Terms Of My Surrender


John Hiatt, cantautor norteamericano que lleva desde los setenta entregando música muy regularmente. Un tipo normal. Sobre el papel no parece que nada demasiado emocionante pueda salir de alguien como él. No lleva tatuajes ni ropa estrafalaria, sin locas historias a sus espaldas ni escándalos. Pero todo cambia cuando empieza a sonar cualquiera de sus obras a partir de Bring The Family. Para mi ese disco, junto a otros como Slow Turning o Stolen Moments, son inalcanzables, también para él, pero en todas sus entregas hay talento, emoción, honestidad, grandes canciones y una voz apasionada, perfecta para su habitual entrega de canciones, que nunca se suenan rutinarias. Muchos artistas mucho más famosos darían lo que fuera por mantener un nivel como el que tiene Hiatt desde hace tantos años. Puede ser que tener los pies en el suelo sea su secreto. Cualquier día de mierda es más llevadero con su música y cada una de sus canciones tiene un sentido y una identidad. Alguien que es capaz de enriquecer el repertorio de artistas tan deslumbrantes como Bonnie Raitt, Jeff Healey o Buddy Guy y que con los mismos acordes de siempre consigue hacer algo nuevo, capaz de llegarte al alma la mayoría de las veces. 

Terms Of My Surrender quizás sea su disco más completo desde el acústico Crossing Muddy Waters, curiosamente otro disco muy influenciado por el blues, un género del que se apropia Hiatt para reconvertirlo en material tan reconocible como lo pueda ser Have A Little Faith o Perfectly Good Guitar. El espíritu de Muddy Waters y otros están por muchas partes de toda esta colección de canciones. Siempre ha sido un admirador del blues y para él Waters es uno de sus más venerados artistas, no en vano participó en un tributo a Waters de los 90's tocando The Same Thing.

Long Time Comin' es el Hiatt de siempre, con esa calidez y esa sencillez que tanto se empeña en hacer canción, y siempre termina acertando. Con Face Of God empieza el blues, profundo y básico, forzando su voz en un tema que podría haber sido creado en tiempos inmemoriales. Marlene es otro blues, a ritmo de tren, sin prisas, pero de los que acaban ofreciéndote un buen viaje. Hay épica en Wind Don't Have To Hurry y mucha emotividad en Nobody Knew His Name, mientras que en Baby's Gonna Kick el blues y el Hiatt más clásico se funden como si tal cosa. Nothin' I Love es otro blues, áspero en su inicio, pero que termina hipnotizando, como si el mismísimo John Lee Hooker tuviera algo que ver. Terms Of My Surrender, a medio camino entre la balada y el blues es una de las canciones más bonitas del disco. Here To Stay, puede que el tema menos brillante, otro blues muy clásico con buenas voces e instrumentación arropando a John.  Old People, con las letras más divertidas del disco, sigue con el blues por bandera, algo que también impregna el inicio del tema que cierra el álbum, Come Back Home, aunque luego amplíe su radio de acción. En definitiva, un disco de John Hiatt maravilloso, una vez más. Alguien que sabe darle ese toque tan humano a su música, que es capaz de juntar diferentes emociones en sus canciones, a las que da forma como sólo saben hacer los buenos artesanos de la composición, que es lo más difícil y lo que menos se valora de la música.





jueves, 17 de julio de 2014

Johnny Winter DEP


Hasta siempre a uno de los bluesmen y guitarristas más impresionantes que hayan vivido. Alguien que rompió moldes con su estilo y que se ganó el respeto y la admiración de puristas y aficionados de todo tipo de música. Alguien capaz de tocar con vértigo y solera al mismo tiempo y que se codeó con leyendas como Muddy Waters, al que produjo su última y extraordinaria etapa discográfica. Yo seguro que me seguiré asombrando de lo que este hombre era capaz de hacer con una guitarra.

martes, 8 de julio de 2014

Jack White - Lazaretto


Siempre que se acaba la actividad de un grupo como The White Stripes es algo a lamentar, pero a pesar de que se echa mucho de menos la batería de Meg algunas veces no hay mal que por bien no venga. The White Stripes se acabaron. Siempre quedarán sus discos para volver a zambullirse en esa música tan personal y tan especial. Pero el mundo sigue y la carrera en solitario de Jack White, con Blunderbuss y este Lazaretto ha empezado de forma inmejorable, aunque siempre habrá quien prefiera al Jack White de sus inicios con The White Stripes. No tengo una opinión sobre la preponderancia del azul en el grafismo de estos dos discos, dejando atrás el rojo y blanco que dominaba la imagen de The White Stripes, no tengo mucho interés en intentar saber que puede significar, pero de lo que no tengo ninguna duda es del momento tan dulce que está viviendo Jack artísticamente.

Además de lo que hizo junto con Meg también tenemos sus trabajos con The Raconteurs y The Dead Weather para darse cuenta de la amplitud de miras y la capacidad de un músico de su calibre. Puede ser un tipo con unos cuantos cables demasiados cruzados, y por ejemplo, su polémica con The Black Keys es bastante ridícula, pero musicalmente no tiene rival en la actualidad. Por concepto, por composición, por sonido, por calidad en todos los aspectos, esta es la era de Jack White. 

Lo que contiene Lazaretto no puede ser más personal y más Jack White. Desde el primer tema, ese estupendo Three Women, este soberbio músico se aprovecha de su excéntrica personalidad, que la pone a favor de su obra para lograr un collage de música arriesgada, valiente, que bordea el exceso constantemente, con ocurrencias y desvaríos con los que él consigue confirmar eso de que los genios están locos. Está como una cabra, pero saca provecho de sus desórdenes mentales para hacer música poderosa, histérica por momentos, sexy, marciana, moderna a partir de elementos arcanos en ocasiones. Música que no da respiro y un disco que pasa como una exhalación, que huye de convencionalismos, con canciones como Lazaretto o That Black Bat Licorice, con la voz de White rodeada de guitarrazos nerviosos y punzantes que se funden con teclados de ciencia ficción y estribillos neuróticos. En otras ocasiones saca a relucir su clasicismo y sus influencias, con temas más sobrios, caso de Temporary Ground o Alone In My Home, que encajan de maravilla y forman un todo exhuberante junto al resto de sonidos y melodías, formando un cambalache musical tan perfecto y cortante como es Lazaretto.