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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Metallica y el integrismo musical


Desde hace mucho tiempo Metallica forma parte de ese selecto puñado de bandas o músicos que tienen la habilidad de penetrar en la mente de esos seguidores recalcitrantes que adivinan como va a sonar o a ser un disco en cuanto conocen de su próximo lanzamiento, aunque, por supuesto, no tengan ni idea de como va a ir el invento. Pero Metallica y todos los demás que son capaces de un logro como ese se merecen todos esos ataques que prejuzgan cualquier cosa que hagan. Que no hubieran hecho antes discos colosales, difíciles de igualar. Que no hubieran tenido la osadía de atreverse a seguir queriendo hacer la música que les de la gana y a vivir acorde a una situación económica privilegiada. Pero claro, si se hubieran prejubilado se hubieran llevado hostias igualmente.

Para esos integristas de la música (que en todos los géneros se cuecen habas), los que no aceptan que quienes les provocaron tremendas alegrías tiempo atrás se puedan ir haciendo mayores, no quieran hacer siempre lo mismo o lleven la ropa que les de la gana, pues tiene que ser una oportunidad de sacar toda la bilis acumulada cada vez que sus ídolos de antaño tienen la ocurrencia de grabar un nuevo disco.


Ya nadie vende lo que se vendía en los 90 o antes, y la mayoría de las bandas actuales hacen dinero con las giras. Tendría que ser digno de elogiar la actitud de una banda como Metallica a la hora de abordar un nuevo disco en estudio, con tanto entusiasmo y cuidando hasta el mínimo detalle. No sólo eso, han desechado multitud de ideas en las que habían trabajado para Hardwired y que no tuvieron cabida entre las canciones que componen el álbum, para así empezar de cero cuando quieran grabar el próximo.


A mi el disco me gusta bastante, más que canciones sueltas me gusta en su conjunto, lo que trasmite y el sonido general. Un disco sin concesiones, denso, largo, poderoso y con mucho recorrido. Seguramente no está a la altura de Death Magnetic, este me parece que contenía algunas canciones que me llegan más, pero eso no es problema, y es que tampoco entiendo muy bien por qué tenemos que estar siempre comparando esto con lo otro. Esto es música, algo que es para disfrutar. Desde luego que yo cuando escucho Atlas, Rise! no estoy tratando de compararla con Masters Of Puppets o Creeping Death. Si ya en materia deportiva me parece absurdo comparar un equipo o un deportista con otro de su misma u otra época más estúpido me parece todavía entrar a comparar obras musicales, cinematográficas o literarias. Está bien el análisis pero no si impide disfrutar de algo que tiene todos los ingredientes para conseguirlo.


Una cosa es ser crítico y otra cosa es el integrismo y la cerrazón. También están esos que se dedican, por ejemplo, a decir que The Beatles, Elvis o The Rolling Stones es lo mejor de la historia cuando ni siquiera se han tomado la molestia de escuchar ningún disco de Hendrix, Bob Dylan, o casi ninguna otra cosa. Claro que cada uno elige hacer lo que quiere, aunque haya gente que aún obteniendo algún tipo de placer por la música, o eso parece, prefiere quedarse limitado a una cultura musical limitadita, por miedo, quizás, a que pueda llegar a descubrir algo que le pueda gustar más que lo que venera. Si ese tipo de gente elige escuchar únicamente a tal o cual grupo, obviando casi todo lo demás, bien, pero a mí siempre me parecerá infantil ese fanatismo que no viene a cuento, ese papanatismo musical con todas esas ridículas discusiones sobre si tal o cual banda es más importante o la mejor del mundo, cosas de gente que se han quedado intelectualmente en los quince añitos de por vida.




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Vinilo vs CD, mi opinión


En estos días me ha dado por volver a meterme de lleno en mis vinilos de blues, a los que tanto cariño les tengo y a los que hacía algún tiempo que no les dejaba posarse sobre el tocadiscos. Muddy Waters, los King, Elmore James, Ruth Brown, Little Milton, Stevie Ray Vaughan, Larry McCray y muchos otros siguen sonando bien en mi equipo, pero, ¿mejor que los cd's? No lo creo. Le tengo mucho cariño a mis vinilos y lo cierto es que a lo largo de los años me he quitado de encima tanto lp's, cd's o cassettes que hace tiempo dejaron de significar algo para mí. Así que no se puede decir que sienta más animadversión por los vinilos que la que me causan los saltitos, algo que me ha llevado a dañar algún lp en el afán de quitarlos.

Me resulta hilarante escuchar habitualmente a gente despreciar los cd's en favor de los vinilos, y francamente, me parece de risa, y tampoco digo que el formato del cd es el mejor sin discusión, porque hay archivos y formatos digitales de más resolución, pero aquí de lo que se trata es de lo que está al alcance del aficionado medio. Por otro lado, por favor, no hablemos de comparar vinilos con mp3 de baja resolución, no es justo, sería como comparar un cd con un flexi-disc.

Hay multitud de artículos en la red en los que se hacen sesudas comparaciones y en los que se argumenta a favor de esta teoría, o en contra, basándose en aspectos muy técnicos y didácticos, y cualquiera puede saber la opinión de Neil Young sobre el asunto, si, pero mi análisis obvia cualquier otra cosa que mi experiencia de estos días. Llevo escuchando música en todos los posibles formatos desde que todavía iba al cole, y siempre preocupándome, en la medida que mi bolsillo me lo ha permitido, de sacar el mejor sonido posible a cualquier artefacto sonoro ha pasado por mis manos.

Desde hace ya unos diez años vengo usando el mismo equipo, en el que invertí un buen dinero, aunque no una fortuna, obviamente. Está claro que le he sacado provecho, y lo que le queda. Creo que hacerme con ese equipo fue una de las mejores decisiones que he tomado como aficionado. La diferencia con los anteriores que he tenido es abismal. Con los antiguos me llegaba a agotar de escuchar música después de algún que otro disco, con este es todo lo contrario. Hay gente que hasta me ha dicho que si lo que tengo no suena ya demasiado bien. Así que estas pruebas las he hecho en las mejores condiciones posibles. Otro punto a considerar es que tengo buen oído, las audiometrías siempre me salen bastante bien, y además soy capaz de reconocer frecuencias sonoras con un porcentaje de acierto mayor que la media.


Como cualquier otro adicto a la música en mi colección tengo algunos títulos tanto en vinilo como en cd y he estado estos días comparándolos en mi equipo, algo que no había hecho hasta ahora. Además de algunos títulos de blues más clásicos también he probado con grabaciones más "recientes", como Showdown!, ese maravilloso disco en el que cohabitaron Albert Collins, Robert Cray y Johnny Copeland, el Texas Flood de Stevie Ray Vaughan, o algunas cosas de AC/DC, que hay que recordar que su Back In Black marca una de las cotas en lo que ha calidad de sonido se refiere, y es un disco que se usa en estudios de grabación para calibrar los equipos.


Las pruebas las he hecho con varios niveles de volumen, a través de los altavoces o con auriculares, en algunos casos he comparado vinilos "patanegra" con ediciones de cd's normalitas y viceversa. Olvidándonos de aspectos como la frialdad que ofrece la música digital, la fritura de los vinilos, cualquier cosa que no sea escuchar con la mente abierta y sin prejuicios, tengo que decir que es totalmente falso eso de la superioridad y la calidez de los vinilos comparándolos con los cd's. En ningún caso con los discos que he probado el vinilo gana al cd, hay algún empate y  en alguna ocasión el formato digital resulta vencedor, sobretodo, y para mi sorpresa, con una edición en vinilo reciente, teniendo como oponente a una edición normalita en cd. El plato que tengo es del mismo nivel que el aplificador, el lector del cd y los altavoces, ofreciendo el equipo en global un rango dinámico bastante bueno en su conjunto. Puedo notar diferencias en ciertos sonidos, sobretodo en los bajos y en la batería, pero en muchos casos sería ridículo afirmar que un formato es muy superior al otro por ese motivo.

Uno de los más estrafalarios ataques al cd que he oído se basan en cosas como que los lectores de discos compactos se estropean al poco tiempo. Si se tiene un lector de baja calidad, además de dejar de funcionar pronto también ofrecerán una calidad de sonido inferior. De todas formas me pregunto qué equipo tendrán quienes dicen que el sonido del vinilo es tremendamente superior al del cd. Cuando me compré el equipo que tengo actualmente el vendedor me dijo que en mi ciudad algo así solo tenemos yo y unos cuantos más, y el caso es que me parece que el porcentaje de gente que opina a la ligera sobre este asunto es muy superior al de gente que invierte un dinero interesante en un equipo que además de buena calidad tiene una vida mucho mayor que equipos de gama media-baja.

Es cierto que hay aspectos del cd que se podían haber hecho mejor desde el principio, pero el oído humano percibe los sonidos bien grabados digitalmente de una manera bastante similar a lo analógico. Claro que hay ediciones en cd muy malas con pésimo sonido a lata, está el tema de la manía del loudness, pero el formato en sí no es inferior al vinilo, por muy romántico que parezca defender algo que parecía que estaba muerto y que comercialmente ha resucitado, eso sí, a unos precios ridículos, lo que me hace acordarme de la diferencia de precio entre los dos formatos en los 80's. Por otra parte, si que noto una diferencia bastante destacable si se compara el sonido de un cassette con un cd o vinilo, pero encuentro respetable que haya gente a la que le hace más feliz el sonido de las cintas que cualquier otra cosa, por supuesto. 

Al final de lo que se trata es de disfrutar de la música. El formato es un medio, el fin es hacer sonar música y buscar la felicidad, la emoción, el querer comerse el mundo por medio de artistas que han podido desarrollar una actividad discográfica, aún en estos tiempos que corren. Y siempre será preferible escuchar a B.B. King o Pearl Jam en cualquier formato digital que a lo que está al otro lado de Adele en vinilos de alto gramaje.




sábado, 19 de diciembre de 2015

Lo mejor del año

Así, a bote pronto y ordenados alfabéticamente, están mis discos favoritos del año. Hay más cosas que me han hecho disfrutar pero estos discos me han calado especialmente. El nuevo de Dan Baird & Homemade Sin no sé si entraría, sólo le he pegado un par de escuchas y de momento no me ha parecido tan bueno como el anterior, aunque es posible que cambie de opinión próximamente.

BOB DYLAN - SHADOWS IN THE NIGHT
DRIVE-BY TRUCKERS - IT'S GREAT TO BE ALIVE!
DWIGHT YOAKAM - SECOND HAND HEART
EMMYLOU HARRIS & RODNEY CROWELL - THE TRAVELLING KIND
JASON ISBELL - SOMETHING MORE THAN FREE
JOE LOUIS WALKER - EVERYBODY WANTS A PIECE
MIGUEL POVEDA - PARA LA LIBERTAD - SONETOS Y POEMAS
MY MORNING JACKET - THE WATERFALL
NEIL YOUNG + PROMISE OF THE REAL - THE MONSANTO YEARS
RYAN ADAMS - 1989
SHEMEKIA COPELAND - OUTSKIRTS OF LOVE
THE DEAD WEATHER - DODGE AND BURN
THE NEW BASEMENT TAPES - LOST ON THE RIVER DELUXE EDITION
VAN HALEN - TOKYO DOME - IN CONCERT

miércoles, 27 de mayo de 2015

My Morning Jacket - The Waterfall


Desde la primera vez que me acerqué a la música de My Morning Jacket, que fue cuando telonearon a Pearl Jam en su concierto de 2006 en Madrid, su música me ha acompañado regularmente y todos sus discos me parecen esenciales, una obra para cerrar la boca a quienes a la mínima ocasión no dudan en afirmar que en la actualidad no hay nada interesante en el panorama rockero y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Una gente que además de ser inclasificable (la mayor parte del tiempo resulta definir qué es lo que están haciendo) aúna una instrumentación excelsa, lirismo, intensidad, profundidad, delicadeza, humor y considerables arrebatos rockeros. Desde luego que no se trata de un grupo muy común, y si se le suman a todos esos elementos tan característicos de My Morning Jacket la soberbia y cósmica voz de Jim James, se puede decir que estamos ante una banda realmente relevante, con pocos rivales y que aguantarían el tipo en comparación con la mayor parte de bandas de décadas atrás.

Por todo eso me decepcionó completar la primera escucha de este The Waterfall y casi me convencí de que podría ser la primera vez que el grupo me decepciona. En ese primer acercamiento me pareció un trabajo realmente insulso y que no iba a tardar mucho en caer en el olvido. Pero antes de que me volviera a aferrar a cualquiera de sus anteriores discos y ya a partir de la segunda escucha y como por arte de magia mis impresiones cambiaron radicalmente. Me sorprendió quedar ya totalmente atrapado por todas las canciones y sonoridades incluidas en el cd, y me encontré a mi mismo cantando el estribillo de Spring (Among The Living) o disfrutando de las voces de Jim James, las instrumentaciones y los múltiples detalles que hacen de la música de este grupo algo tan especial. The Waterfall está desde ya entre lo mejor de lo que llevamos de año y a la altura de lo que se espera de ellos. Como siempre, tratándose de esta banda, estamos ante un disco tan variado pero asimismo con una gran cohesión, y  es que la sensación de unidad es durante las 10 canciones que componen The Waterfall. Por lo tanto, aunque fácilmente se pueden destacar títulos como Believe (Nobody Knows), la ya mencionada Spring o Only Memory Remains, este es un disco este para escuchar de principio a fin y sumergirte en su amplia variedad de ambientes y estados de ánimo.

Un buen detalle, que acentúa la sensación de unidad del trabajo, es el hecho de haber separado los temas extras del disco con una pista que contiene únicamente silencio, que lo separan The Waterfall de las demos y temas extras. Seguramente hasta el mismísimo Stan Smith estará disfrutando con este soberbio disco y de los marcianos que lo han concebido después de un duro día de trabajo.




martes, 26 de mayo de 2015

Van Halen - Tokyo Dome

Aunque ya lo había escuchado no ha sido hasta hace unos pocos días que lo tengo en su formato físico, parecía que nadie entiende mis necesidades Van Halenianas, y aunque sea en esos receptáculos de ceros y unos, que voy a decir, tener este artefacto que contiene una grabación oficial en vivo de Van Halen con David Lee Roth es una gran alegría. Las pegas ya se conocen: han pasado años desde la época dorada de la banda, no está Michael Anthony (que por mucho que a las cuatro cuerdas está bien suplido por Wolfgang se echa mucho en falta sus voces) y David Lee Roth tiene una actuación muy irregular, con canciones en las que está muy bien y otras no tanto. Les honra haber elegido un concierto único y no un batiburrillo de toda la gira, que por lo que dicen grabaron entera, y también se agradece esa honestidad nada común entre sus colegas, que es no haber hecho retoques en estudio. Lo que se escucha en Tokyo Dome son los actuales Van Halen, sin trampa ni cartón, con sus defectos pero también, y de que manera, con su grandeza. Extraño mundo este, todo eso de los directos-trampa debería ser algo inaceptable desde su propia concepción, y no debería venir al caso que cuando alguien ofrezca una grabación que carezca de añadidos o mejoras alardee de ello, eso debería ser la norma, pero claro, cuando lo que impera es otro comportamiento hacen bien en estar orgullosos de no hacer trampas y de diferenciarse de los que si hacen trucos para tapar las carencias.

Yo que soy de la opinión de que Van Halen sin Roth no son Van Halen, la edición de A Different Kind Of Truth o Tokyo Dome y verlos en tan buena forma en esas estupendas actuaciones televisivas de las últimas semanas, es un subidón. El principal problema de Van Halen con Sammy Hagar no es la manía personal que uno pueda tener por el pelirrojo, es que el repertorio de Van Halen con Roth le da unas cuantas vueltas a lo que hicieron con Hagar. Yo preferiría escuchar el material incluido en Tokyo Dome cantado por cualquier mediocridad que la mayoría de lo que hicieron en la época sin Roth. Pero es que aparte la banda está fantástica en este doble cd, es desde el inicio hasta el fin una energética exhibición de poderío rockero e instrumental con unos clásicos atemporales que siguen sonando frescos, junto a los cuales no desentonan los temas más recientes.

Escuchar a Eddie Van Halen en acción y en plenitud, después de todos los problemas que ha tenido, no tiene precio. El poderío que demuestra en esta grabación hace olvidar la mediocridad de otras épocas y la larga espera hasta tener algo así en tu equipo. Y que decir de Alex, a mi me sigue impresionando, y lo cierto es que me acordé de él viendo ese peliculón llamado Whiplash, y es que para mí es de los pocos baterías de rock que podría equipararse a esas bestias del jazz, su intensidad y dinamismo son claves en todas esas canciones. Y Roth, a pesar de sus problemas vocales es un lujo que esté de vuelta y que siga teniendo el mismo entusiasmo de siempre. Tipos como él son muy necesarios, y por muchos años que hayan pasado sigue arriesgando, como muestra ese inicio de Panama en el show de Jimmy Kimmel en el que estuvo a punto de lesionarse gravemente haciendo malabarismos con un bastón metálico. Pero para Roth lo principal es el espectáculo, y lo de salir y cumplir el expediente no va con él. A ver si esta segunda época de los Van Halen de verdad se prolonga y que Eddie permita volver a Michael Anthony.


sábado, 7 de marzo de 2015

Bob Dylan - Shadows In The Night


Me llamo Bob Dylan y aquí tenéis mi nuevo álbum, Shadows In The Night. Va de baladas tipo Sinatra, qué se le va a hacer. El tipo de disco que muchos despotricarán antes de haberlo escuchado siquiera. Pero es que uno, a sus años, hace lo que le parece, sin importarle mucho lo que gente que (en buena parte) nunca ha comprado, y posiblemente nunca comprará ni uno solo de mis discos, pueda decir. Que de eso se trata el rock'n'roll, que para eso planté una guitarras eléctricas delante de los morros de los puristas del folk en Newport, por ejemplo. Para mi hacer hoy en día un disco como este, más que un acto de valentía, es un acto de amor por una música que me conmueve, pero también de crueldad para con las mentes estrechas de esos supuestos seguidores del rock'n'roll, que en realidad son totalitarios reprimidos sin nada mejor que hacer que hablar desde la ignorancia y desde la mala baba. Pero que no se preocupen, que para lo próximo que se me ocurra hacer haré una encuesta-sondeo para ver que es lo que la gente quiere oír, esa gente encantadora a los que se le llena la boca diciendo lo mucho que me admiran y lo importante que es mi música (cuando muchos de ellos si acaso han escuchado alguno de mis discos con desgana). Me da igual si es un refrito de mis clásicos (unas canciones que mientras exista este mundo nunca dejarán de sonar), o un disco conceptual de heavy o un disco de duetos con Lady Gaga. Lo que sea por contentar a los infelices que antes de tiempo serán incapaces de disfrutar o de considerar un disco como Shadows In The Night. Son esos tipos que no perdonan mi edad, o mi estatus y que intentan ver reflejados en mi sus carencias, sus fobias y sus complejos. Pero ahora mismo nada mejor que un disco como este para confundir a quienes se creen que ya nada les puede sorprender y a quienes se creen que tienen todo el camino andado. Yo recomendaría escuchar este disco con la luz apagada, relajado, sin prisas. Y es que hay cosas que hay que disfrutarlas desde la humildad y desde la razón, queridos.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Disco del año: Ángel Stanich - Camino Ácido


Artista que convulsiona profundamente, ya desde la primera vez que te topas con él. Su voz me causa una sensación similar a la que tuve la primera vez que escuché a Dylan, y no es para nada gratuito decir que Ángel Stanich parece una versión actualizada del de Minnesota, eso sí, intoxicada por los efluvios de Albert Pla o Bukowsky. A veces dirías que está borracho, o enfermo, pero su genialidad a lo largo de todo este Camino Ácido no deja dudas de que estamos ante un artista único, alguien de quien esperar grandes cosas en el futuro. Un loco, o un valiente, o un insensato, todavía no tengo muy claro qué es Ángel Stanich, pero me sorprendería mucho que su obra no siguiera la senda, en términos de brillantez, de este magnífico debut, un disco sin complejos y contundente, variado, pero sin perder coherencia a lo largo de 50 minutos sensacionales. En apariencia lo tiene todo, personalidad, actitud, conocimiento, y además consigue lo que muy pocos pueden, y es que apoderándose de todo cuanto le apetece crea una obra tan personal como genial y subversiva, y a las pocas escuchas el mundo personal de este cántabro se convierte en algo que te atrae, con esos lugares oscuros y malsanos, que pueden causar rechazo, pero que gracias a Ángel no puedes resistirte a visitar una y otra vez, porque la oscuridad también forma parte de nuestras vidas y su forma de convertir en canciones la violencia, el dolor y la fatalidad muestra a un intérprete implacable de las miserias humanas. En una época en donde abunda lo insustancial, lo indocumentado, lo estúpido,  es un placer dar con un músico con tantas cosas que decir, con unos dardos tan certeros y con una calidad tan indiscutible. Muy bien ayudado por gente de Arizona Baby en este Camino Ácido (que fue grabado tocando todos juntos) hay ecos permanentes de la cultura musical americana en sus formas más pesadillescas y desoladoras. Canciones como El Cruce, Metralleta Joe o Mezcalito son productos tan personales, tan sorprendentes y tan ricos musicalmente que a uno le quedan ganas de que pase el tiempo rápido para volver a encontrarte con otra entrega de este huraño personaje. Y con la inquietante versión de El Río de Miguel Ríos, incluida como punto final, sabes que el futuro de Stanich puede ser aún más imprevisible que lo que apuntan las composiciones incluidas en este su primer disco.





viernes, 5 de diciembre de 2014

AC/DC - Rock Or Bust


Después de tantos años en que esta banda prácticamente sólo eran noticia por su música nos hemos encontrado con mucho más información sobre ellos que lo era lo más habitual, y además nada demasiado agradable, exceptuando la edición de este Rock Or Bust. 

Triste lo del gran Malcolm, de alguna forma es una manera de bajarte de las nubes y darte cuenta de que tus héroes son también humanos. Si un tipo parecía prácticamente imperturbable e indestructible, ese era Malcolm hasta no hace mucho, a pesar de esa gira en los 80 en la que no pudo acompañar a la banda por sus problemas con la bebida. Su guitarra, sus riffs, sus ideas y su tozudez fueron parte fundamental para dar el pistoletazo de salida y la posterior evolución para la se convirtió en una de las bandas definitivas de rock'n'roll. El lider en la sombra, un tipo humilde, pero con carácter de sobra como para llevar a sus espaldas el peso de una banda tan dura, tan ruidosa y tan demoledora, pero también tan popular y tan legendaria. No debe ser tarea fácil hacer lo que hizo Malcolm, y cualquier otro en su lugar no hubiera aceptado ese anonimato y ese eterno segundo plano a la sombra del explosivo animal de escena que es Angus o unos frontmen como Bon o Brian.

También es triste, por otros motivos, lo de Phil Rudd. Sorprende que a sus años y después de haber sacado un buen disco en solitario y tener un estatus envidiable se vea envuelto en unos asuntos tan turbios y desagradables. Los directos de los años en los que no se contó con su presencia dieron muestra de que aunque se lo parezca a mucho ingenuo, tocar en AC/DC no debe ser tan fácil, sin él no suenan igual. Como dice Brian Johnson, la situación se arreglará por sí misma, y la justicia decidirá si en la próxima gira tendremos a Rudd con la banda.

Por todo esto puede resultar absurdo que AC/DC puedan continuar sin contar con Malcolm, y añadiendo la más que probable ausencia de Phil Rudd, pero, ¿no fue también absurdo que siguieran existiendo después del fallecimiento de Bon Scott? Además, Angus, Brian y Cliff tienen dentro mucho más que la mayor parte del resto de la industria musical, y dudo que cualquier cosa que hagan, por muchos años que tengan, vaya a ser mediocre. Yo desde luego que no podría sentir más respeto por estos tipos.

Pasando a lo positivo de la actualidad AC/DC tenemos a Stevie Young, que ya en la gira en la que tuvo que sustituir a su tío Malcolm dio muestras de que el puesto no le venía grande. El mismo Malcolm hablaba de que su sobrino era casi su alma gemela y lo cierto es que no hay mucha diferencia entre oír las dos guitarras rítmicas al mismo tiempo en Rock Or Bust o en cualquiera de sus otros discos. Habrá que esperar a la gira para ver que tal les va todo, pero no creo el sonido de la banda se resienta.

Las primeras escuchas de Rock Or Bust me supusieron una decepción, pero el disco ha ido creciendo cada vez, y ahora lo situaría a un nivel cercano a Black Ice o Stiff Upper Lip, dos discos que me gustaron mucho. Rock Or Bust quizás sea el disco más escueto en duración, y también con más canciones que van directo al grano desde el primer momento. Aquí no hay desarrollos como la primera parte de Thunderstruck o "experimentos" que desagradaron a algunos de los fans más cerriles, como la slide de Stormy May Day. Todo el material de Rock Or Bust es como una patada rockanrollera en la cara. A diferencia de otros de sus discos se puede decir que es muy difícil destacar temas por encima de otros, aunque a mí Rock The Blues Away me tiene rendido. La producción es maravillosa, el disco suena como un cañón, y aunque Rock Or Bust no vaya a marcar un antes y un después, si que supone una enorme alegría para sus seguidores, y es que tener a Angus y sus guitarrazos ya merece la pena, pero además tenemos a un Brian Johnson en muy buena forma, y una sección rítmica tan rotunda como siempre. No esperaba mucho de este disco, pero tal vez que sea una grabación que no sorprenda mucho tal vez sea lo más sorprendente de todo, y es que esta banda, incluso haciéndose jirones, mantiene la capacidad para satisfacer plenamente a sus seguidores y seguir rockeando como pocos pueden.




jueves, 16 de octubre de 2014

Ruthie Foster - Promise Of A Brand New Day


Vuelta al redil de Ruthie Foster al tipo de música con la que se dio a conocer, afortunadamente. Es posible que tanto reconocimiento por un disco como The Truth According To Ruthie Foster o por su maravilloso directo Live At Antone's se haya traducido en presión por parte de su discográfica para aprovechar el momento e intentar sacar partido con el sobre-producido y un tanto impersonal Let It Burn. Por eso no es raro que Ruthie haya retornado a donde sin duda se siente más confortable, en un entorno como en el que se arropa en Promise Of A Brand New Day. Let It Burn es un buen disco, y la versión del Set Fire To The Rain de Adele, aparte de sorprendente y majestuosa, supera a la original en todo. Pero Ruthie es una artista con una personalidad tan fuerte y una calidad tan inmensa en todo lo que hace que no necesita discos fuera de su onda. Aunque en este caso Meshell Ndegeocello se encargue de la producción (también aporta el bajo), Promise Of A Brand New Day hace volver a Ruthie a las sonoridades de The Truth According To y los discos anteriores.

Artista inclasificable. Gospel, blues, soul o lo que sea, todo lo que sale de su prodigiosa voz y sus emotivas canciones es material inspirador, que llega al alma y es capaz de alegrar el día más triste. Con Ruthie Foster te olvidas de tendencias o de estrategias comerciales. Esto es música de verdad, de una artista capaz de conmover y mover montañas con sus composiciones y sus interpretaciones. Se pueden adivinar fuertes convicciones a través de su música. Una de las canciones, Second Coming, habla sobre Martin Luther King y John Brown, y aunque no sea una composición de Ruthie, es del bluesman Willie King, no creo que mucha más gente pueda darle tanta credibilidad a la letra de la canción. Con instrumentación reducida y canciones sencillas, pero con identidad propia, Ruthie Foster vuelve a hacer un disco en el que es fiel a sí misma, tan natural y falta de pretensiones como en sus orígenes, con un entusiasmo desbordante y demostrando canción a canción lo que es ser músico de verdad, de los que tienen compromiso sólo con su arte y cuya personalidad impregna todo lo que hacen.






jueves, 2 de octubre de 2014

Ryan Adams (2014)


Mucho tiempo lleva este hombre de greñas despreocupadas (y orgulloso portador de camisetas de Slayer últimamente) alegrando con su música a sus seguidores, ya sea con Whiskeytown o su carrera en solitario, pero ahí le tenemos de nuevo, al pie del cañón y haciendo las cosas a su manera, por muy mal que a muchos les parezca. No se le suele nombrar junto a otros célebres estandartes de la música norteamericana de los últimos veinte años, tampoco su trayectoria es que muy respetada por ciertos sectores, que anteponen sus salidas de tono a la calidad de su obra, pero esta se basta por sí sola para cerrar muchas bocas. Psicológicamente inestable, pero con una capacidad de crear música personal como pocas veces se ve. Discos como Heartbreaker o Gold no están al alcance de cualquiera. Hasta alguien como Elton John reconoció la influencia de la sublime sencillez que impregnaban las canciones de un disco como Heartbreaker. Pero Ryan no se paró ahí, y con discos sucesivos demostró una capacidad para reinventarse constantemente. Lo que para muchos podrían ser bandazos estilísticos para mi es inconformismo, querer probarse a sí mismo, y es cierto que Ryan Adams puede hacer discos que para muchos serán esperpénticos, como ese metalero Orion o el también reciente 1984 (un disco pseudo-punk con Ryan a cargo de todos los instrumentos y con canciones de apenas un minuto), pero yo lo veo como una absoluta falta de complejos y no querer regodearse con lo ya conseguido. No estaría mal tener más artistas honestos y valientes como Ryan en estos tiempos, comprometidos con su música, sin artificios, y sin miedo a pegar un patinazo de vez en cuando, pero capaces de tener una carrera sólida, en lo que prime sea la música, no la pose o el mercantilismo.

En este disco llamado simplemente Ryan Adams nos encontramos ante música que guarda algún punto en común con algo como Cardinology o Cold Roses, aunque es un paso adelante más en la carrera de este músico. No es un disco sencillo de asimilar, especialmente viniendo después de III/IV o Ashes And Fire, unos trabajos tremendos y lustrosos en los que Ryan dejaba ver que no había perdido capacidad, y que es capaz de pasar de sobrevolar entre todos los estilos que le apetezcan sin perder su identidad. Pero con este último si que estamos ante un disco que entra poco a poco y que tiene más de lo que aparenta después de unas primeras escuchas. Rodeado de colaboradores tan interesantes como Benmont Tench, Tal Wilkenfeld o incluso Johnny Depp, las canciones de este álbum encierran una profundidad muy poco común en músicos de su generación. En mi caso creo que me ha ayudado ver a Ryan en vídeos interpretando estas canciones y hablando sobre ellas. También es un disco al que la noche le ayuda. Esa introspección con guitarras ruidosas me recuerda a alguien como Jason Isbell (Gimme Something Good tiene puntos en común con Go It Alone), al que Ryan pidió que le acompañara en una gira no hace mucho e incluso ayudó a Jason cuando logró dejar atrás su adicción al alcohol, aunque en este caso se puede decir que la influencia es recíproca. Realmente no hay canciones que destaquen ni por encima ni por debajo de las otras, lo que hace a Ryan Adams, el disco, un trabajo bastante homogéneo, también por el tono emocional, algo que Ryan domina como pocos, y estilísticamente, aunque haya canciones más desnudas que otras en instrumentación. Música profunda, que brilla en la oscuridad, que emociona más a cada escucha y te deja con ganas de más, y de preguntarte, ¿con qué vendrá Ryan la próxima vez?

En el estupendo vídeo de abajo podemos ver a Ryan Adams tocando canciones de su álbum homonimo, de 1984 y hablando de black metal, entre otras cosas. Imprescindible.

jueves, 18 de septiembre de 2014

John Mellencamp - Performs Trouble No More, Live At Town Hall July 31 2003


Una lástima que el período más glorioso de Mellencamp, el comprendido entre Uh-Huh y Human Wheels, no aportara algún álbum en directo, de hecho junto a este Live At Town Hall lo único disponible de él es la recreación en vivo de parte de su Life, Death, Love And Freedom de hace unos años. Mellencamp siempre ha sido alguien capaz de ofrecer directos portentosos, como así lo atestiguan múltiples grabaciones televisivas o de la radio, y ha tenido unos músicos extraordinarios respaldándole, pero es bastante incomprensible que de esa etapa no haya nada editado, con Mellencamp sacando discos enormes uno detrás de otro, con una banda que arrasaba y con la bestia de Kenny Aronoff a la batería.

Pero no se puede uno quejar de un directo como este, a pesar de que la diversión esté limitada, una vez más, por el lumbreras que en su día decidió limitar el contenido de un cd a 80 minutos. Es una lástima, pero con el negocio discográfico de capa caída sacar dobles cd's es muy costoso, lo que hace que en casos como este se reduzca el material y te quedes con las ganas. Más aún cuando lo que contiene tiene un nivel fenomenal en su mayor parte y suene a gloria.

Este concierto se basa en el disco que Mellencamp sacó en ese año 2003, Trouble No More, una gran colección de versiones de clásicos de la música norteamericana de todos los tiempos y estilos posibles. El comienzo del concierto, con el blues por bandera e instrumentación reducida, con Mellencamp llevando a su terreno Stones In My Passway de Robert Johnson y Death Letter de Son House demuestra como puede plasmar su personalidad en otros terrenos sin que suene forzado, aunque lo extraño sería que un músico que se mueve como pez en el agua en música tan intensa como la que contiene algo como The Lonesome Jubilee, por poner un ejemplo, no fuera capaz de salir airoso de un encuentro con el blues más clásico y profundo.

To Washington supone un cambio, al tradicionalismo más americano, aunque encaja perfectamente con el inicio, como también lo hace el Highway 61 Revisited de Dylan, con la banda sonando contundente y desatada. Todo continua muy tradicional, con canciones de tiempos muy remotos como Baltimore Oriole, Joliet Bound o Diamond Joe, de las que Mellencamp se apodera y las hace sonar como material propio. Una de las partes más intensas de Mellencamp a la voz se da con John The Revelator, impresionante. Tampoco está nada mal su recreación de  la preciosa Lafayette de Lucinda Williams, gran versión y además, recordar a Lucinda y su música siempre es algo que te alegra el día. Pero me pasa como con el disco de estudio Trouble No More, mi canción preferida es la encantadora Teardrops Will Fall, que suena vital y con nervio, perfecta para un artista como John.

También se incluyen unas pocas canciones de la cosecha propia de John Mellencamp, caso de Paper In Fire, Small Town o Pink Houses, pero en versiones más acordes al tono general de parte del disco, por lo que no me queda más remedio que echar en falta una vez más un buen disco en directo de la etapa más arrolladora de este gran artista.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Tom Petty & The Heartbreakers - Hypnotic Eye



Decir que Tom Petty & The Heartbreakers han sacado, una vez más, un disco excelente puede parecer una obviedad, pero bienvenida sea esa "monotonía", y es que cuando empiezan a sonar las primeras notas de American Dream Plan B términos como obvio, aburrido o rutinario dejan de existir momentáneamente. Cada vez que Tom Petty, Mike Campbell, Benmont Tech y los demás se reunen el rock'n'roll vuelve a tener todo el sentido del mundo. Clase, vitalidad o emoción son constantes en su música. Desde que entró en mi vida Echo, el primer disco de ellos que tuve el privilegio de elegir para añadir a los sonidos que me mantienen en marcha, nunca me ha decepcionado nada de lo que han ido entregando, todo lo contrario. Aunque me guste mucho su primera etapa al principio había mucha más irregularidad, especialmente en álbumes como Let Me Up o Hard Promises. Sin embargo, desde Wildflower todo lo que han sacado tiene un gran nivel. Se puede decir que, seguramente de todos los artistas de su generación y onda, Tom Petty & The Heartbreakers son los que actualmente llevan una carrera más coherente y brillante. Sin agobiar con una sobreexposición constante pero sin hacer que quienes les seguimos nos sintamos abandonados. A pesar de los años siguen sonando afilados, con cosas que decir, relevantes. Viendo filmaciones de sus conciertos se palpa que se gustan, se lo pasan bien haciendo lo que hacen, son capaces de hacer sonar clásicos de su carrera tan bien y tan frescos como si fueran creaciones recientes. Y en Hypnotic Eye hay una buena colección de canciones que sonarán a gloria bendita en su actual gira, para muestra el enlace de Youtube que he puesto abajo, con su reciente actuación en el programa de Jimmy Kimmel.

Las canciones de Hypnotic Eye se han grabado en un período de varios años, con tranquilidad, motivo por el cual el disco carece de temas que destaquen sobre los demás. No hay nada que sobre. El nivel compositivo de Petty sigue a un gran nivel, tanto a nivel de letras que muestran inconformismo por todas partes y musicalmente siendo capaz de aunar diferentes influencias en la mayoría de los temas sin que nada suene antinatural. Y si además cuenta con el apoyo de Campbell y demás no es de extrañar que puedan seguir sacando material tan punzante e inspirado. Rock americano, que pone el dedo en la llaga, mirando al presente, pero sin caer en el derrotismo. Un disco para degustar en el que los Heartbreakers explotan toda su capacidad e influencias para hacer un disco rotundo, lleno de canciones que aúnan ferocidad y armonía en temas como American Dream Plan B o Red River. El blues sirve como base para un tema como Power Drunk, aunque como con todo lo demás, la banda se encarga de llevarlo a su terreno. Forgotten Man va por caminos ya conocidos por los adeptos a Petty, pero es un tema que va ganando identidad a cada escucha. Sins Of My Youth es el tema más melancólico, de sonoridades más relajadas y delicadas, otro tema que crece más y más. U Get Me High suena rotundo, con guitarras incisivas, tanto en las rítmicas como las solistas, un tema que será una delicia en directo, seguro. Ecos de John Lee Hooker dan forma a Burn Out Town, una fiesta a la que no faltan armónica y piano, que hacen del tema una buena forma de encauzar el final del disco, que llega con Shadow People, otra canción con sonoridades negras y profundas pero con la identidad de los Heartbreakers y un estupendo trabajo de guitarras, con solos a gran altura de Mike Campbell. 

Esta gente ha vuelto a hacer un gran disco, en directo son una máquina de rock'n'roll, sin complejos y engrasada como pocas, con músicos que están muy lejos de ser simples comparsas de Petty, que buscan el sonido conjunto, lo que se nota en la mayoría de sus discos. Una banda legendaria por la que pasan los años, ley de vida, pero dejando buen sabor de boca en sus entregas discográficas, y en todas sus giras, algo que parece cada vez más claro que no seremos capaces de tener a mano por España, aunque soñar es gratis.


jueves, 31 de julio de 2014

John Hiatt - Terms Of My Surrender


John Hiatt, cantautor norteamericano que lleva desde los setenta entregando música muy regularmente. Un tipo normal. Sobre el papel no parece que nada demasiado emocionante pueda salir de alguien como él. No lleva tatuajes ni ropa estrafalaria, sin locas historias a sus espaldas ni escándalos. Pero todo cambia cuando empieza a sonar cualquiera de sus obras a partir de Bring The Family. Para mi ese disco, junto a otros como Slow Turning o Stolen Moments, son inalcanzables, también para él, pero en todas sus entregas hay talento, emoción, honestidad, grandes canciones y una voz apasionada, perfecta para su habitual entrega de canciones, que nunca se suenan rutinarias. Muchos artistas mucho más famosos darían lo que fuera por mantener un nivel como el que tiene Hiatt desde hace tantos años. Puede ser que tener los pies en el suelo sea su secreto. Cualquier día de mierda es más llevadero con su música y cada una de sus canciones tiene un sentido y una identidad. Alguien que es capaz de enriquecer el repertorio de artistas tan deslumbrantes como Bonnie Raitt, Jeff Healey o Buddy Guy y que con los mismos acordes de siempre consigue hacer algo nuevo, capaz de llegarte al alma la mayoría de las veces. 

Terms Of My Surrender quizás sea su disco más completo desde el acústico Crossing Muddy Waters, curiosamente otro disco muy influenciado por el blues, un género del que se apropia Hiatt para reconvertirlo en material tan reconocible como lo pueda ser Have A Little Faith o Perfectly Good Guitar. El espíritu de Muddy Waters y otros están por muchas partes de toda esta colección de canciones. Siempre ha sido un admirador del blues y para él Waters es uno de sus más venerados artistas, no en vano participó en un tributo a Waters de los 90's tocando The Same Thing.

Long Time Comin' es el Hiatt de siempre, con esa calidez y esa sencillez que tanto se empeña en hacer canción, y siempre termina acertando. Con Face Of God empieza el blues, profundo y básico, forzando su voz en un tema que podría haber sido creado en tiempos inmemoriales. Marlene es otro blues, a ritmo de tren, sin prisas, pero de los que acaban ofreciéndote un buen viaje. Hay épica en Wind Don't Have To Hurry y mucha emotividad en Nobody Knew His Name, mientras que en Baby's Gonna Kick el blues y el Hiatt más clásico se funden como si tal cosa. Nothin' I Love es otro blues, áspero en su inicio, pero que termina hipnotizando, como si el mismísimo John Lee Hooker tuviera algo que ver. Terms Of My Surrender, a medio camino entre la balada y el blues es una de las canciones más bonitas del disco. Here To Stay, puede que el tema menos brillante, otro blues muy clásico con buenas voces e instrumentación arropando a John.  Old People, con las letras más divertidas del disco, sigue con el blues por bandera, algo que también impregna el inicio del tema que cierra el álbum, Come Back Home, aunque luego amplíe su radio de acción. En definitiva, un disco de John Hiatt maravilloso, una vez más. Alguien que sabe darle ese toque tan humano a su música, que es capaz de juntar diferentes emociones en sus canciones, a las que da forma como sólo saben hacer los buenos artesanos de la composición, que es lo más difícil y lo que menos se valora de la música.





martes, 8 de julio de 2014

Jack White - Lazaretto


Siempre que se acaba la actividad de un grupo como The White Stripes es algo a lamentar, pero a pesar de que se echa mucho de menos la batería de Meg algunas veces no hay mal que por bien no venga. The White Stripes se acabaron. Siempre quedarán sus discos para volver a zambullirse en esa música tan personal y tan especial. Pero el mundo sigue y la carrera en solitario de Jack White, con Blunderbuss y este Lazaretto ha empezado de forma inmejorable, aunque siempre habrá quien prefiera al Jack White de sus inicios con The White Stripes. No tengo una opinión sobre la preponderancia del azul en el grafismo de estos dos discos, dejando atrás el rojo y blanco que dominaba la imagen de The White Stripes, no tengo mucho interés en intentar saber que puede significar, pero de lo que no tengo ninguna duda es del momento tan dulce que está viviendo Jack artísticamente.

Además de lo que hizo junto con Meg también tenemos sus trabajos con The Raconteurs y The Dead Weather para darse cuenta de la amplitud de miras y la capacidad de un músico de su calibre. Puede ser un tipo con unos cuantos cables demasiados cruzados, y por ejemplo, su polémica con The Black Keys es bastante ridícula, pero musicalmente no tiene rival en la actualidad. Por concepto, por composición, por sonido, por calidad en todos los aspectos, esta es la era de Jack White. 

Lo que contiene Lazaretto no puede ser más personal y más Jack White. Desde el primer tema, ese estupendo Three Women, este soberbio músico se aprovecha de su excéntrica personalidad, que la pone a favor de su obra para lograr un collage de música arriesgada, valiente, que bordea el exceso constantemente, con ocurrencias y desvaríos con los que él consigue confirmar eso de que los genios están locos. Está como una cabra, pero saca provecho de sus desórdenes mentales para hacer música poderosa, histérica por momentos, sexy, marciana, moderna a partir de elementos arcanos en ocasiones. Música que no da respiro y un disco que pasa como una exhalación, que huye de convencionalismos, con canciones como Lazaretto o That Black Bat Licorice, con la voz de White rodeada de guitarrazos nerviosos y punzantes que se funden con teclados de ciencia ficción y estribillos neuróticos. En otras ocasiones saca a relucir su clasicismo y sus influencias, con temas más sobrios, caso de Temporary Ground o Alone In My Home, que encajan de maravilla y forman un todo exhuberante junto al resto de sonidos y melodías, formando un cambalache musical tan perfecto y cortante como es Lazaretto.


lunes, 16 de junio de 2014

The Black Keys - Turn Blue


Un camino considerable llevan ya a sus espaldas Dan Auerbach y Patrick Carney con The Black Keys y siguen facturando discos tan estupendos como este Turn Blue, de nuevo con la producción del polémico Danger Mouse. Pero esta colaboración no es que sea algo que se haya mantenido como un secreto para quienes seguimos a The Black Keys, y por lo tanto las quejas por parte de los fieles a sus inicios pueden estar un poco fuera de lugar, algo producido por el británico no se va a parecer mucho a Rubber Factory. Muy, pero que muy lejos queda ya el salvajismo de sus primeras grabaciones pero no se podrá decir que musicalmente sus últimas entregas supongan una bajada de pantalones, por mucho que comercialmente sean discos que funcionen. El espíritu que recorre las canciones de Turn Blue no está tan alejado de Thickfreakness o Chulahoma, es más, se podría decir que lo que están haciendo ahora es una vuelta de tuerca más en su afán por configurar a su antojo parte de la música negra americana, acercándola más a otros parámetros impregnados de psicodelia y misticidad. Si antes sus influencias se basaban en algo que partía del blues más áspero ahora con algunas de estas canciones nos encontramos a The Black Keys zambulliéndose en el soul más emotivo. El inicio del disco con Weight Of Love, In Time y Turn Blue sienta las bases. Música tremendamente evocadora, muy negra y nocturna, pero sin dejar atrás su sello personal por muchos efectos que puedan usar actualmente. Uno no puede evitar sentirse atrapado por la guitarra y la excelente voz de Auerbach y los ritmos de Carney durante el tiempo que dura el disco, en el que se mezcla la melancolía con sonidos cósmicos, que parte del clasicismo para convertirlo en algo etéreo e irresistible. Todo el disco tiene el mismo tono, algo sombrío en líneas generales, hasta llegar al último tema, Gotta Get Away, muy fiestero y optimista pero que encaja a la perfección para poner punto final a un trabajo que crece a cada escucha.

A partir de Attack & Release The Black Keys comenzaron a cambiar su música y a acompañarse de otros músicos, y con lo que han ido entregando desde entonces llegamos a una profundidad y a una sensibilidad insospechada en los rudos primeros tiempos. El Camino o Turn Blue no son sólo ejemplos de como hacer música apta para todos los públicos, también que se puede hacer música atractiva comercialmente sin sacrificar el fondo y la calidad. Y no hay que olvidarse, para nada, de un disco como Blakroc, su excepcional álbum en el que se mezclaron con artistas del hip-hop para hacer algo arriesgado y demoledor a partes iguales. No se si Turn Blue tendrá el impacto comercial de El Camino, da igual, no tengo ningún problema con que artistas que me gusten puedan sonar por todas partes. Si acaso el problema es para quienes no pueden dejar de ver un rato la televisión. Yo prefiero dedicarme a las aventuras musicales de The Black Keys.