jueves, 16 de octubre de 2014

Ruthie Foster - Promise Of A Brand New Day


Vuelta al redil de Ruthie Foster al tipo de música con la que se dio a conocer, afortunadamente. Es posible que tanto reconocimiento por un disco como The Truth According To Ruthie Foster o por su maravilloso directo Live At Antone's se haya traducido en presión por parte de su discográfica para aprovechar el momento e intentar sacar partido con el sobre-producido y un tanto impersonal Let It Burn. Por eso no es raro que Ruthie haya retornado a donde sin duda se siente más confortable, en un entorno como en el que se arropa en Promise Of A Brand New Day. Let It Burn es un buen disco, y la versión del Set Fire To The Rain de Adele, aparte de sorprendente y majestuosa, supera a la original en todo. Pero Ruthie es una artista con una personalidad tan fuerte y una calidad tan inmensa en todo lo que hace que no necesita discos fuera de su onda. Aunque en este caso Meshell Ndegeocello se encargue de la producción (también aporta el bajo), Promise Of A Brand New Day hace volver a Ruthie a las sonoridades de The Truth According To y los discos anteriores.

Artista inclasificable. Gospel, blues, soul o lo que sea, todo lo que sale de su prodigiosa voz y sus emotivas canciones es material inspirador, que llega al alma y es capaz de alegrar el día más triste. Con Ruthie Foster te olvidas de tendencias o de estrategias comerciales. Esto es música de verdad, de una artista capaz de conmover y mover montañas con sus composiciones y sus interpretaciones. Se pueden adivinar fuertes convicciones a través de su música. Una de las canciones, Second Coming, habla sobre Martin Luther King y John Brown, y aunque no sea una composición de Ruthie, es del bluesman Willie King, no creo que mucha más gente pueda darle tanta credibilidad a la letra de la canción. Con instrumentación reducida y canciones sencillas, pero con identidad propia, Ruthie Foster vuelve a hacer un disco en el que es fiel a sí misma, tan natural y falta de pretensiones como en sus orígenes, con un entusiasmo desbordante y demostrando canción a canción lo que es ser músico de verdad, de los que tienen compromiso sólo con su arte y cuya personalidad impregna todo lo que hacen.






jueves, 2 de octubre de 2014

Ryan Adams (2014)


Mucho tiempo lleva este hombre de greñas despreocupadas (y orgulloso portador de camisetas de Slayer últimamente) alegrando con su música a sus seguidores, ya sea con Whiskeytown o su carrera en solitario, pero ahí le tenemos de nuevo, al pie del cañón y haciendo las cosas a su manera, por muy mal que a muchos les parezca. No se le suele nombrar junto a otros célebres estandartes de la música norteamericana de los últimos veinte años, tampoco su trayectoria es que muy respetada por ciertos sectores, que anteponen sus salidas de tono a la calidad de su obra, pero esta se basta por sí sola para cerrar muchas bocas. Psicológicamente inestable, pero con una capacidad de crear música personal como pocas veces se ve. Discos como Heartbreaker o Gold no están al alcance de cualquiera. Hasta alguien como Elton John reconoció la influencia de la sublime sencillez que impregnaban las canciones de un disco como Heartbreaker. Pero Ryan no se paró ahí, y con discos sucesivos demostró una capacidad para reinventarse constantemente. Lo que para muchos podrían ser bandazos estilísticos para mi es inconformismo, querer probarse a sí mismo, y es cierto que Ryan Adams puede hacer discos que para muchos serán esperpénticos, como ese metalero Orion o el también reciente 1984 (un disco pseudo-punk con Ryan a cargo de todos los instrumentos y con canciones de apenas un minuto), pero yo lo veo como una absoluta falta de complejos y no querer regodearse con lo ya conseguido. No estaría mal tener más artistas honestos y valientes como Ryan en estos tiempos, comprometidos con su música, sin artificios, y sin miedo a pegar un patinazo de vez en cuando, pero capaces de tener una carrera sólida, en lo que prime sea la música, no la pose o el mercantilismo.

En este disco llamado simplemente Ryan Adams nos encontramos ante música que guarda algún punto en común con algo como Cardinology o Cold Roses, aunque es un paso adelante más en la carrera de este músico. No es un disco sencillo de asimilar, especialmente viniendo después de III/IV o Ashes And Fire, unos trabajos tremendos y lustrosos en los que Ryan dejaba ver que no había perdido capacidad, y que es capaz de pasar de sobrevolar entre todos los estilos que le apetezcan sin perder su identidad. Pero con este último si que estamos ante un disco que entra poco a poco y que tiene más de lo que aparenta después de unas primeras escuchas. Rodeado de colaboradores tan interesantes como Benmont Tench, Tal Wilkenfeld o incluso Johnny Depp, las canciones de este álbum encierran una profundidad muy poco común en músicos de su generación. En mi caso creo que me ha ayudado ver a Ryan en vídeos interpretando estas canciones y hablando sobre ellas. También es un disco al que la noche le ayuda. Esa introspección con guitarras ruidosas me recuerda a alguien como Jason Isbell (Gimme Something Good tiene puntos en común con Go It Alone), al que Ryan pidió que le acompañara en una gira no hace mucho e incluso ayudó a Jason cuando logró dejar atrás su adicción al alcohol, aunque en este caso se puede decir que la influencia es recíproca. Realmente no hay canciones que destaquen ni por encima ni por debajo de las otras, lo que hace a Ryan Adams, el disco, un trabajo bastante homogéneo, también por el tono emocional, algo que Ryan domina como pocos, y estilísticamente, aunque haya canciones más desnudas que otras en instrumentación. Música profunda, que brilla en la oscuridad, que emociona más a cada escucha y te deja con ganas de más, y de preguntarte, ¿con qué vendrá Ryan la próxima vez?

En el estupendo vídeo de abajo podemos ver a Ryan Adams tocando canciones de su álbum homonimo, de 1984 y hablando de black metal, entre otras cosas. Imprescindible.

jueves, 18 de septiembre de 2014

John Mellencamp - Performs Trouble No More, Live At Town Hall July 31 2003


Una lástima que el período más glorioso de Mellencamp, el comprendido entre Uh-Huh y Human Wheels, no aportara algún álbum en directo, de hecho junto a este Live At Town Hall lo único disponible de él es la recreación en vivo de parte de su Life, Death, Love And Freedom de hace unos años. Mellencamp siempre ha sido alguien capaz de ofrecer directos portentosos, como así lo atestiguan múltiples grabaciones televisivas o de la radio, y ha tenido unos músicos extraordinarios respaldándole, pero es bastante incomprensible que de esa etapa no haya nada editado, con Mellencamp sacando discos enormes uno detrás de otro, con una banda que arrasaba y con la bestia de Kenny Aronoff a la batería.

Pero no se puede uno quejar de un directo como este, a pesar de que la diversión esté limitada, una vez más, por el lumbreras que en su día decidió limitar el contenido de un cd a 80 minutos. Es una lástima, pero con el negocio discográfico de capa caída sacar dobles cd's es muy costoso, lo que hace que en casos como este se reduzca el material y te quedes con las ganas. Más aún cuando lo que contiene tiene un nivel fenomenal en su mayor parte y suene a gloria.

Este concierto se basa en el disco que Mellencamp sacó en ese año 2003, Trouble No More, una gran colección de versiones de clásicos de la música norteamericana de todos los tiempos y estilos posibles. El comienzo del concierto, con el blues por bandera e instrumentación reducida, con Mellencamp llevando a su terreno Stones In My Passway de Robert Johnson y Death Letter de Son House demuestra como puede plasmar su personalidad en otros terrenos sin que suene forzado, aunque lo extraño sería que un músico que se mueve como pez en el agua en música tan intensa como la que contiene algo como The Lonesome Jubilee, por poner un ejemplo, no fuera capaz de salir airoso de un encuentro con el blues más clásico y profundo.

To Washington supone un cambio, al tradicionalismo más americano, aunque encaja perfectamente con el inicio, como también lo hace el Highway 61 Revisited de Dylan, con la banda sonando contundente y desatada. Todo continua muy tradicional, con canciones de tiempos muy remotos como Baltimore Oriole, Joliet Bound o Diamond Joe, de las que Mellencamp se apodera y las hace sonar como material propio. Una de las partes más intensas de Mellencamp a la voz se da con John The Revelator, impresionante. Tampoco está nada mal su recreación de  la preciosa Lafayette de Lucinda Williams, gran versión y además, recordar a Lucinda y su música siempre es algo que te alegra el día. Pero me pasa como con el disco de estudio Trouble No More, mi canción preferida es la encantadora Teardrops Will Fall, que suena vital y con nervio, perfecta para un artista como John.

También se incluyen unas pocas canciones de la cosecha propia de John Mellencamp, caso de Paper In Fire, Small Town o Pink Houses, pero en versiones más acordes al tono general de parte del disco, por lo que no me queda más remedio que echar en falta una vez más un buen disco en directo de la etapa más arrolladora de este gran artista.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Tom Petty & The Heartbreakers - Hypnotic Eye



Decir que Tom Petty & The Heartbreakers han sacado, una vez más, un disco excelente puede parecer una obviedad, pero bienvenida sea esa "monotonía", y es que cuando empiezan a sonar las primeras notas de American Dream Plan B términos como obvio, aburrido o rutinario dejan de existir momentáneamente. Cada vez que Tom Petty, Mike Campbell, Benmont Tech y los demás se reunen el rock'n'roll vuelve a tener todo el sentido del mundo. Clase, vitalidad o emoción son constantes en su música. Desde que entró en mi vida Echo, el primer disco de ellos que tuve el privilegio de elegir para añadir a los sonidos que me mantienen en marcha, nunca me ha decepcionado nada de lo que han ido entregando, todo lo contrario. Aunque me guste mucho su primera etapa al principio había mucha más irregularidad, especialmente en álbumes como Let Me Up o Hard Promises. Sin embargo, desde Wildflower todo lo que han sacado tiene un gran nivel. Se puede decir que, seguramente de todos los artistas de su generación y onda, Tom Petty & The Heartbreakers son los que actualmente llevan una carrera más coherente y brillante. Sin agobiar con una sobreexposición constante pero sin hacer que quienes les seguimos nos sintamos abandonados. A pesar de los años siguen sonando afilados, con cosas que decir, relevantes. Viendo filmaciones de sus conciertos se palpa que se gustan, se lo pasan bien haciendo lo que hacen, son capaces de hacer sonar clásicos de su carrera tan bien y tan frescos como si fueran creaciones recientes. Y en Hypnotic Eye hay una buena colección de canciones que sonarán a gloria bendita en su actual gira, para muestra el enlace de Youtube que he puesto abajo, con su reciente actuación en el programa de Jimmy Kimmel.

Las canciones de Hypnotic Eye se han grabado en un período de varios años, con tranquilidad, motivo por el cual el disco carece de temas que destaquen sobre los demás. No hay nada que sobre. El nivel compositivo de Petty sigue a un gran nivel, tanto a nivel de letras que muestran inconformismo por todas partes y musicalmente siendo capaz de aunar diferentes influencias en la mayoría de los temas sin que nada suene antinatural. Y si además cuenta con el apoyo de Campbell y demás no es de extrañar que puedan seguir sacando material tan punzante e inspirado. Rock americano, que pone el dedo en la llaga, mirando al presente, pero sin caer en el derrotismo. Un disco para degustar en el que los Heartbreakers explotan toda su capacidad e influencias para hacer un disco rotundo, lleno de canciones que aúnan ferocidad y armonía en temas como American Dream Plan B o Red River. El blues sirve como base para un tema como Power Drunk, aunque como con todo lo demás, la banda se encarga de llevarlo a su terreno. Forgotten Man va por caminos ya conocidos por los adeptos a Petty, pero es un tema que va ganando identidad a cada escucha. Sins Of My Youth es el tema más melancólico, de sonoridades más relajadas y delicadas, otro tema que crece más y más. U Get Me High suena rotundo, con guitarras incisivas, tanto en las rítmicas como las solistas, un tema que será una delicia en directo, seguro. Ecos de John Lee Hooker dan forma a Burn Out Town, una fiesta a la que no faltan armónica y piano, que hacen del tema una buena forma de encauzar el final del disco, que llega con Shadow People, otra canción con sonoridades negras y profundas pero con la identidad de los Heartbreakers y un estupendo trabajo de guitarras, con solos a gran altura de Mike Campbell. 

Esta gente ha vuelto a hacer un gran disco, en directo son una máquina de rock'n'roll, sin complejos y engrasada como pocas, con músicos que están muy lejos de ser simples comparsas de Petty, que buscan el sonido conjunto, lo que se nota en la mayoría de sus discos. Una banda legendaria por la que pasan los años, ley de vida, pero dejando buen sabor de boca en sus entregas discográficas, y en todas sus giras, algo que parece cada vez más claro que no seremos capaces de tener a mano por España, aunque soñar es gratis.


jueves, 31 de julio de 2014

John Hiatt - Terms Of My Surrender


John Hiatt, cantautor norteamericano que lleva desde los setenta entregando música muy regularmente. Un tipo normal. Sobre el papel no parece que nada demasiado emocionante pueda salir de alguien como él. No lleva tatuajes ni ropa estrafalaria, sin locas historias a sus espaldas ni escándalos. Pero todo cambia cuando empieza a sonar cualquiera de sus obras a partir de Bring The Family. Para mi ese disco, junto a otros como Slow Turning o Stolen Moments, son inalcanzables, también para él, pero en todas sus entregas hay talento, emoción, honestidad, grandes canciones y una voz apasionada, perfecta para su habitual entrega de canciones, que nunca se suenan rutinarias. Muchos artistas mucho más famosos darían lo que fuera por mantener un nivel como el que tiene Hiatt desde hace tantos años. Puede ser que tener los pies en el suelo sea su secreto. Cualquier día de mierda es más llevadero con su música y cada una de sus canciones tiene un sentido y una identidad. Alguien que es capaz de enriquecer el repertorio de artistas tan deslumbrantes como Bonnie Raitt, Jeff Healey o Buddy Guy y que con los mismos acordes de siempre consigue hacer algo nuevo, capaz de llegarte al alma la mayoría de las veces. 

Terms Of My Surrender quizás sea su disco más completo desde el acústico Crossing Muddy Waters, curiosamente otro disco muy influenciado por el blues, un género del que se apropia Hiatt para reconvertirlo en material tan reconocible como lo pueda ser Have A Little Faith o Perfectly Good Guitar. El espíritu de Muddy Waters y otros están por muchas partes de toda esta colección de canciones. Siempre ha sido un admirador del blues y para él Waters es uno de sus más venerados artistas, no en vano participó en un tributo a Waters de los 90's tocando The Same Thing.

Long Time Comin' es el Hiatt de siempre, con esa calidez y esa sencillez que tanto se empeña en hacer canción, y siempre termina acertando. Con Face Of God empieza el blues, profundo y básico, forzando su voz en un tema que podría haber sido creado en tiempos inmemoriales. Marlene es otro blues, a ritmo de tren, sin prisas, pero de los que acaban ofreciéndote un buen viaje. Hay épica en Wind Don't Have To Hurry y mucha emotividad en Nobody Knew His Name, mientras que en Baby's Gonna Kick el blues y el Hiatt más clásico se funden como si tal cosa. Nothin' I Love es otro blues, áspero en su inicio, pero que termina hipnotizando, como si el mismísimo John Lee Hooker tuviera algo que ver. Terms Of My Surrender, a medio camino entre la balada y el blues es una de las canciones más bonitas del disco. Here To Stay, puede que el tema menos brillante, otro blues muy clásico con buenas voces e instrumentación arropando a John.  Old People, con las letras más divertidas del disco, sigue con el blues por bandera, algo que también impregna el inicio del tema que cierra el álbum, Come Back Home, aunque luego amplíe su radio de acción. En definitiva, un disco de John Hiatt maravilloso, una vez más. Alguien que sabe darle ese toque tan humano a su música, que es capaz de juntar diferentes emociones en sus canciones, a las que da forma como sólo saben hacer los buenos artesanos de la composición, que es lo más difícil y lo que menos se valora de la música.





jueves, 17 de julio de 2014

Johnny Winter DEP


Hasta siempre a uno de los bluesmen y guitarristas más impresionantes que hayan vivido. Alguien que rompió moldes con su estilo y que se ganó el respeto y la admiración de puristas y aficionados de todo tipo de música. Alguien capaz de tocar con vértigo y solera al mismo tiempo y que se codeó con leyendas como Muddy Waters, al que produjo su última y extraordinaria etapa discográfica. Yo seguro que me seguiré asombrando de lo que este hombre era capaz de hacer con una guitarra.

martes, 8 de julio de 2014

Jack White - Lazaretto


Siempre que se acaba la actividad de un grupo como The White Stripes es algo a lamentar, pero a pesar de que se echa mucho de menos la batería de Meg algunas veces no hay mal que por bien no venga. The White Stripes se acabaron. Siempre quedarán sus discos para volver a zambullirse en esa música tan personal y tan especial. Pero el mundo sigue y la carrera en solitario de Jack White, con Blunderbuss y este Lazaretto ha empezado de forma inmejorable, aunque siempre habrá quien prefiera al Jack White de sus inicios con The White Stripes. No tengo una opinión sobre la preponderancia del azul en el grafismo de estos dos discos, dejando atrás el rojo y blanco que dominaba la imagen de The White Stripes, no tengo mucho interés en intentar saber que puede significar, pero de lo que no tengo ninguna duda es del momento tan dulce que está viviendo Jack artísticamente.

Además de lo que hizo junto con Meg también tenemos sus trabajos con The Raconteurs y The Dead Weather para darse cuenta de la amplitud de miras y la capacidad de un músico de su calibre. Puede ser un tipo con unos cuantos cables demasiados cruzados, y por ejemplo, su polémica con The Black Keys es bastante ridícula, pero musicalmente no tiene rival en la actualidad. Por concepto, por composición, por sonido, por calidad en todos los aspectos, esta es la era de Jack White. 

Lo que contiene Lazaretto no puede ser más personal y más Jack White. Desde el primer tema, ese estupendo Three Women, este soberbio músico se aprovecha de su excéntrica personalidad, que la pone a favor de su obra para lograr un collage de música arriesgada, valiente, que bordea el exceso constantemente, con ocurrencias y desvaríos con los que él consigue confirmar eso de que los genios están locos. Está como una cabra, pero saca provecho de sus desórdenes mentales para hacer música poderosa, histérica por momentos, sexy, marciana, moderna a partir de elementos arcanos en ocasiones. Música que no da respiro y un disco que pasa como una exhalación, que huye de convencionalismos, con canciones como Lazaretto o That Black Bat Licorice, con la voz de White rodeada de guitarrazos nerviosos y punzantes que se funden con teclados de ciencia ficción y estribillos neuróticos. En otras ocasiones saca a relucir su clasicismo y sus influencias, con temas más sobrios, caso de Temporary Ground o Alone In My Home, que encajan de maravilla y forman un todo exhuberante junto al resto de sonidos y melodías, formando un cambalache musical tan perfecto y cortante como es Lazaretto.


lunes, 16 de junio de 2014

The Black Keys - Turn Blue


Un camino considerable llevan ya a sus espaldas Dan Auerbach y Patrick Carney con The Black Keys y siguen facturando discos tan estupendos como este Turn Blue, de nuevo con la producción del polémico Danger Mouse. Pero esta colaboración no es que sea algo que se haya mantenido como un secreto para quienes seguimos a The Black Keys, y por lo tanto las quejas por parte de los fieles a sus inicios pueden estar un poco fuera de lugar, algo producido por el británico no se va a parecer mucho a Rubber Factory. Muy, pero que muy lejos queda ya el salvajismo de sus primeras grabaciones pero no se podrá decir que musicalmente sus últimas entregas supongan una bajada de pantalones, por mucho que comercialmente sean discos que funcionen. El espíritu que recorre las canciones de Turn Blue no está tan alejado de Thickfreakness o Chulahoma, es más, se podría decir que lo que están haciendo ahora es una vuelta de tuerca más en su afán por configurar a su antojo parte de la música negra americana, acercándola más a otros parámetros impregnados de psicodelia y misticidad. Si antes sus influencias se basaban en algo que partía del blues más áspero ahora con algunas de estas canciones nos encontramos a The Black Keys zambulliéndose en el soul más emotivo. El inicio del disco con Weight Of Love, In Time y Turn Blue sienta las bases. Música tremendamente evocadora, muy negra y nocturna, pero sin dejar atrás su sello personal por muchos efectos que puedan usar actualmente. Uno no puede evitar sentirse atrapado por la guitarra y la excelente voz de Auerbach y los ritmos de Carney durante el tiempo que dura el disco, en el que se mezcla la melancolía con sonidos cósmicos, que parte del clasicismo para convertirlo en algo etéreo e irresistible. Todo el disco tiene el mismo tono, algo sombrío en líneas generales, hasta llegar al último tema, Gotta Get Away, muy fiestero y optimista pero que encaja a la perfección para poner punto final a un trabajo que crece a cada escucha.

A partir de Attack & Release The Black Keys comenzaron a cambiar su música y a acompañarse de otros músicos, y con lo que han ido entregando desde entonces llegamos a una profundidad y a una sensibilidad insospechada en los rudos primeros tiempos. El Camino o Turn Blue no son sólo ejemplos de como hacer música apta para todos los públicos, también que se puede hacer música atractiva comercialmente sin sacrificar el fondo y la calidad. Y no hay que olvidarse, para nada, de un disco como Blakroc, su excepcional álbum en el que se mezclaron con artistas del hip-hop para hacer algo arriesgado y demoledor a partes iguales. No se si Turn Blue tendrá el impacto comercial de El Camino, da igual, no tengo ningún problema con que artistas que me gusten puedan sonar por todas partes. Si acaso el problema es para quienes no pueden dejar de ver un rato la televisión. Yo prefiero dedicarme a las aventuras musicales de The Black Keys.



viernes, 6 de junio de 2014

Wake In Fright (1971) - A veces el cielo y el infierno se parecen



Aunque el título original no quiere decir lo mismo que el título que se le dió a este gran film en España, Despertar En El Infierno, creo que pocas veces una traducción libre ha podido ser más acertada que en este caso, porque las aventuras vacacionales del protagonista que en teoría le tenían que llevar a Sídney para reunirse con su novia, y que le llevan a hacer un alto en el camino en un pueblo en apariencia poca cosa, pero una vez allí se siente arrastrado por una tremenda vorágine de infernal garrulería australiana de la cual a duras penas se puede escapar físicamente, mentalmente es imposible. Aunque el argumento no tenga mucho que ver si que el clima de esta película tiene puntos en común con Deliverance. Aquí no hay paletos desdentados deseosos de sodomizar a pijos urbanitas de vacaciones ni una lucha contra los elementos, pero detrás de un paletismo de lo más campechano en Bundanyabba se esconde un portal de entrada a un desasosegante descenso a un infierno donde reinan el alcoholismo, la brutalidad y la misoginia, que engulle a todo aquel que se atreve a adentrarse, de tal forma que al protagonista no sólo se le hace difícil huir de todo eso, es arrastrado a un comportamiento y a un estilo de vida que es el contrapunto a su vida "normal" de aburrido profesor de un minúsculo poblado australiano del que también le resulta imposible escapar. El existencialismo, lo absurdo de la condición humana, la soledad o la desesperación pocas veces habrá tenido en el cine un tratamiento como en Wake In Fright, una película dura, intensa, maravillosamente horrible.


Parece surrealista que fuera dirigida por Ted Kotcheff, responsable de entre otras cosas algo como Rambo, pero que en Wake In Fright domina con vigor y sin ningún tipo de escrúpulos los tiempos y toda esa opresión, permitiendo al espectador asistir de cerca a momentos brutales y a un carnaval de personajes tan estrambóticos como humanos en realidad, demasiado, tal vez. El protagonista está interpretado por Gary Bond, un personaje que le tuvo que marcar, como Martin Sheen con Apocalypse Now, pero Wake In Fright no sería lo mismo sin Donald Pleasence, excelente en todo momento y en su salsa. Película no apta para todos los estómagos, como tampoco puede ser beberse una cerveza de un trago, una detrás de otra, pero si los encantadores habitantes de Bundanyabba pueden hacerlo también un cinéfilo que se precie debe probar experiencias como Wake In Fright. Y mucho más infernal y brutal que todo lo que se muestra en esta película puede ser la actualidad o la programación televisiva, repleta de politicastros y secesiones que colman de placer a la mayoría de los habitantes de este lado del infierno.






viernes, 16 de mayo de 2014

Bobby Rush & Blinddog Smokin' - Decisions


De los bluesmen más veteranos Bobby Rush es uno de los que actualmente tienen una carrera discográfica más interesante. Algo bueno de él es que nunca sabes por donde va a salir. Te puedes encontrar con Folkfunk, tremendo disco de blues tan grasiento como adictivo, o Raw, unas sesiones austeras, acústicas y muy jondas, o Blind Snake, más a lo R&B. Además, sus espectáculos en vivo son de lo mejor que se puede ver, con una banda sensacional y unas coristas que animan lo suyo y ayudan al gran Bobby a dar unos shows totalmente desacomplejados que aúnan música, humor y sexualidad, para muestra el dvd que acompaña su estupendo disco en directo Live At Ground Zero. Si a todo eso le unimos una voz muy expresiva, perfecta para todo lo que puede abarcar musicalmente Bobby, que no es poco, y un toque de armónica tan único y especial como él mismo, se puede llegar a la conclusión de que este gran músico de Louisiana, con todos los años que tiene, es todavía un portento, alguien que ha nacido con talento de sobra para hacer unos discos tremendos y un sentido del espectáculo como pocos.

Por eso sorprende aún más un disco como Decisions, disco en el que se acompaña de todo un Dr. John y donde brilla Bobby junto a Blinddog Smokin', exuberante banda que se pone al servicio de la estrella para acompañarle en un recorrido que explota y lleva hasta el límite mucho de lo que este gran artista es capaz de abarcar.

Abre el disco las teclas de Mac Rebennack, que canta junto a Bobby en Another Murder In New Orleans, algo que por sí solo ya vale por muchos discos enteros, un tema muy, pero que muy negro. Más blues con la armónica de Bobby y su profunda voz brillando en Decisions. A la tercera canción cambio de tercio, con Bobby Rush's Bus, fiesta funk de lujo con coros femeninos predominantes y duelos de armónica y saxo, un tema con muchos invitados pasándoselo en grande junto a Bobby. Más funk con guitarras y metales por todo lo alto en If That's The Way You Like It I Like It, y de factura similar es Funky Old Man, donde Bobby habla sin tapujos de lo que es tener su edad. Love Of A Woman es volver al viejo blues, con Bobby luciéndose con la armónica de nuevo. La sorpresa del disco, absolutamente, es Stand Back, un tema que parece sacado de cualquier disco de Santana y que Bobby y la banda acometen con una gracia y una naturalidad sorprendentes, y sin que desentone para nada con el resto del material, ¿quién más en el blues aparte de Bobby podría hacer algo así, como si tal cosa? Sigue el blues con Skinny Little Woman, y otra sorpresa, Bobby rapeando y guitarras sucias  de fondo en Dr. Rush. Se deja para el final algo tan blues y tan funky al mismo tiempo como Too Much Weekend, aunque aparece al final del disco un tema no listado, funk con guitarras acústicas que pone colofón a un trabajo brillante, tan divertido como bien trabajado a todos los niveles, algo que no está al alcance de cualquiera. Para quien quiera un antidepresivo, nada mejor que ver a Bobby en acción junto a sus chicas.